Nutrition

El 80% de las deportistas come demasiado poco

Hasta el 80% de las deportistas no come suficiente para su carga de entrenamiento. Te explicamos qué ocurre en tu cuerpo y cómo solucionarlo.

Female athlete sitting on a bench with a small banana and trail mix, illustrating inadequate nutrition.

El dato que la mayoría de entrenadoras prefiere ignorar

Un estudio reciente publicado en el International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism reveló que hasta el 80% de las deportistas femeninas no consume suficientes calorías para sostener su carga de entrenamiento. No hablamos de atletas de élite con regímenes extremos. Hablamos de mujeres que entrenan cuatro, cinco o seis días a la semana y creen que comen "bien".

El problema tiene nombre clínico: Baja Disponibilidad Energética (BDE, o LEA por sus siglas en inglés). Ocurre cuando la energía que ingiere tu cuerpo no alcanza para cubrir tanto el gasto del ejercicio como las funciones fisiológicas esenciales. El organismo entonces toma una decisión: prioriza sobrevivir. Y lo que sacrifica primero suele ser la función hormonal, la densidad ósea y la recuperación muscular.

Lo más preocupante es que este déficit energético ocurre mucho antes de que aparezcan síntomas visibles. Puedes seguir rindiendo en el gimnasio durante semanas mientras tu cuerpo trabaja en modo de ahorro, acumulando daños que solo se hacen evidentes meses después.

Qué le pasa a tu cuerpo cuando no comes suficiente

La BDE no es simplemente "tener hambre después de entrenar". Sus efectos son sistémicos y afectan varios sistemas a la vez. Cuando la disponibilidad energética cae por debajo de los 30 kcal por kilogramo de masa libre de grasa al día, el eje hipotálamo-hipófisis-ovario empieza a fallar. Esto suprime la producción de estrógenos y progesterona, lo que altera o elimina el ciclo menstrual.

La pérdida de densidad ósea es otro efecto directo y silencioso. Las deportistas con BDE crónica muestran una tasa de fracturas por estrés significativamente más alta que sus pares bien nutridas. Esto se documenta incluso en mujeres jóvenes de 18 a 25 años, un rango de edad en el que la masa ósea debería estar alcanzando su pico máximo.

A nivel de rendimiento, los efectos son igual de contundentes. La síntesis proteica se ve comprometida, lo que frena la ganancia muscular. La recuperación entre sesiones se alarga. La concentración disminuye. Y paradójicamente, muchas deportistas interpretan esta fatiga como una señal de que necesitan entrenar más duro, lo que agrava el déficit. Es un ciclo que se retroalimenta.

No es solo un problema de élite: te afecta a ti también

Existe un mito muy extendido: la BDE es cosa de gimnastas olímpicas o corredoras profesionales sometidas a presiones extremas. Los datos dicen otra cosa. Las cifras más altas de déficit energético se registran entre deportistas recreativas y semiprofesionales, precisamente porque no tienen acceso a nutricionistas deportivos y porque la cultura del fitness sigue normalizando comer poco como sinónimo de disciplina.

Las mujeres que entrenan en deportes de resistencia, crossfit, atletismo o simplemente siguen rutinas de fuerza cuatro días a la semana están igual de expuestas. Además, muchas cargan con años de dietas restrictivas que distorsionan su percepción del hambre. Han aprendido a ignorar las señales del cuerpo tan bien que ya no las identifican como señales.

Otro factor determinante es el contexto social. Las aplicaciones de conteo calórico, los retos de "déficit permanente" y la glorificación del cuerpo magro crean un entorno donde comer más se percibe como un fracaso. Muchas deportistas saben intelectualmente que necesitan comer más de lo que dictan las guías, pero emocionalmente no se permiten hacerlo. Ese conflicto es parte del problema, no solo la ignorancia nutricional.

Objetivos de ingesta y estrategias de timing para entrenar en serio

Si entrenas cuatro o más días por semana, el umbral mínimo de energía disponible recomendado es de 45 kcal por kilogramo de masa libre de grasa al día. Para la mayoría de las mujeres que practican fuerza o deportes de resistencia, eso se traduce en un rango calórico total que oscila entre las 2.200 y las 3.000 kcal diarias, dependiendo del peso corporal, la intensidad y la duración del entrenamiento.

El timing de la ingesta importa tanto como la cantidad total. Consumir entre 20 y 40 gramos de proteína de calidad dentro de los 30-60 minutos posteriores al entrenamiento es una de las intervenciones más respaldadas por la evidencia para proteger la masa muscular y facilitar la recuperación. Añadir carbohidratos en ese mismo momento, entre 0,8 y 1,2 g por kilogramo de peso, ayuda a reponer glucógeno y reduce el estrés hormonal post-ejercicio.

Más allá de la ventana post-entreno, distribuir la proteína en varias tomas a lo largo del día estabiliza los niveles de glucosa en sangre y reduce la probabilidad de déficits acumulados. Saltarse el desayuno antes de entrenar en ayunas de forma habitual, por ejemplo, puede parecer inofensivo, pero suma horas de déficit energético que el cuerpo registra como una amenaza.

Algunas referencias prácticas para organizar tu alimentación:

  • Antes del entrenamiento (1-2 horas): prioriza carbohidratos de digestión media y proteína moderada. Un tazón de avena con yogur griego o tostadas con huevo son opciones sencillas y efectivas.
  • Durante sesiones de más de 75 minutos: incluye una fuente de carbohidratos rápidos. Entre 30 y 60 g por hora es el rango habitual en deportes de resistencia.
  • Post-entrenamiento: no esperes a tener hambre. La señal de hambre puede tardar en aparecer después de un esfuerzo intenso. Come en un plazo máximo de una hora.
  • Antes de dormir: una pequeña ingesta rica en caseína (queso fresco, yogur, leche) favorece la síntesis proteica nocturna y mejora la recuperación.

Cómo saber si estás en déficit sin volverte loca con las apps

No necesitas pesar cada gramo de comida para saber si tu energía disponible es suficiente. Existen señales que el cuerpo manda con bastante claridad cuando algo no va bien. El problema es que muchas de ellas se normalizan en entornos deportivos como si fueran el precio inevitable del rendimiento.

Presta atención a estos indicadores:

  • Irregularidades menstruales: ciclos que se alargan, se acortan o desaparecen son una de las primeras señales de BDE en mujeres. No es normal perder la regla por "entrenar mucho".
  • Fatiga persistente que no mejora con el descanso: si duermes bien y sigues arrastrando cansancio, el problema puede ser energético, no de sueño.
  • Hambre constante o, por el contrario, pérdida del apetito: ambos extremos pueden indicar desregulación metabólica.
  • Lesiones frecuentes o de lenta recuperación: especialmente fracturas por estrés o dolores articulares sin causa aparente.
  • Dificultad para concentrarte o cambios de humor: el cerebro también necesita glucosa. Un déficit energético afecta la función cognitiva y el estado emocional.

Una herramienta útil y sin obsesión es el diario de energía subjetiva: puntúa del 1 al 10 cómo te sientes antes, durante y después de cada sesión durante dos semanas. Si los valores antes del entrenamiento son bajos de forma constante o si la recuperación entre días se alarga sin razón aparente, hay una señal de alerta que merece atención.

Consultar a una nutricionista deportiva con enfoque en salud femenina es el paso más directo si sospechas que estás en déficit. Una valoración profesional puede incluir analíticas de ferritina, vitamina D y marcadores hormonales que revelan lo que ninguna app de calorías puede medir. En España, una consulta con dietista-nutricionista especializada en deporte puede costar entre 50 y 100 € la primera visita, una inversión que cuesta menos que un mes de lesión.