Nutrition

The Nutrition Lab: Magnesio — El Mineral que Ignoras

El 48% de los adultos tiene déficit de magnesio. Si entrenas, tus pérdidas son mayores. Aquí cómo suplementar bien: forma, dosis y timing.

Amber bottle of magnesium capsules spilling onto cream surface with dark chocolate and pumpkin seeds.

El mineral que el 48% de los adultos no consume en cantidad suficiente

El último informe de nutrición del CDC (2026), basado en los datos NHANES recopilados entre 1999 y 2023, arroja una cifra que debería preocuparte: casi la mitad de los adultos estadounidenses tiene un aporte insuficiente de magnesio. No es una carencia clínica grave en todos los casos, pero sí un déficit silencioso que afecta funciones clave del organismo día a día.

El magnesio participa en más de 300 reacciones enzimáticas. Regula la producción de energía celular, la síntesis proteica, la función nerviosa y muscular, y la calidad del sueño y el magnesio. Cuando sus niveles caen por debajo del umbral óptimo, el cuerpo lo compensa a costa de otros sistemas. El resultado: fatiga crónica, calambres, irritabilidad, recuperación lenta y sueño fragmentado.

Lo llamativo es que este déficit no distingue entre sedentarios y personas activas. De hecho, si entrenas con regularidad, tu situación puede ser más delicada de lo que imaginas.

Por qué los deportistas pierden más magnesio y necesitan más

La sudoración es uno de los mecanismos más eficaces de termorregulación del cuerpo, pero tiene un coste mineral. Con cada sesión intensa, pierdes magnesio a través del sudor en cantidades que pueden ser significativas según la duración, la intensidad y las condiciones ambientales. Un atleta que entrena una hora a ritmo elevado puede perder entre 15 y 40 mg de magnesio solo por esta vía.

Suma a eso el estrés oxidativo generado por el ejercicio, que aumenta el consumo interno del mineral, y entenderás por qué las recomendaciones estándar de 310-320 mg/día para mujeres y 400-420 mg/día para hombres se quedan cortas si entrenas con frecuencia. En deportistas activos, las necesidades reales pueden superar los 400 mg diarios, y en algunos casos acercarse a los 500 mg.

El problema no es solo la pérdida en sí. Es que la mayoría de los deportistas no repone esas pérdidas de forma sistemática. La nutrición antes y después del entreno suele centrarse en proteínas e hidratos de carbono, dejando los micronutrientes en un segundo plano. Y ahí es donde comienzan los problemas: recuperación más lenta, mayor riesgo de calambres nocturnos y una calidad de sueño que no acompaña al nivel de exigencia física.

No todo el magnesio es igual: las formas que funcionan y las que no

Si alguna vez has comprado un suplemento de magnesio, probablemente hayas visto el término "óxido de magnesio" en la etiqueta. Es la forma más barata y, también, la menos útil. Su biodisponibilidad es inferior al 10%, lo que significa que la mayor parte de lo que ingieres se elimina sin llegar a absorberse. Para el precio que pagas, es una mala inversión.

Las formas que sí tienen respaldo científico sólido son tres:

  • Glicinato de magnesio: la forma mejor tolerada a nivel digestivo. Está unida al aminoácido glicina, lo que facilita su absorción y reduce el efecto laxante. Es la opción preferida si buscas mejorar el sueño, ya que la glicina tiene propiedades relajantes sobre el sistema nervioso.
  • Citrato de magnesio: muy buena biodisponibilidad y fácil de encontrar. Funciona bien para quienes tienen tránsito intestinal lento, ya que tiene un ligero efecto regulador. Es una opción sólida para uso diario general.
  • Malato de magnesio: unido al ácido málico, que interviene directamente en el ciclo de Krebs (producción de energía celular). Es la elección más lógica si tu objetivo es reducir la fatiga muscular y mejorar el rendimiento durante el entrenamiento.

La elección de la forma importa tanto como la dosis. Tomar 400 mg de óxido de magnesio equivale, en términos de absorción real, a tomar menos de 40 mg de magnesio aprovechable. Cuando compares productos, fíjate siempre en la forma química indicada en la etiqueta, no solo en la cantidad total.

Cómo suplementar y qué comer para cubrir tus necesidades

Para un adulto activo, el rango óptimo de suplementación se sitúa entre 300 y 400 mg de magnesio elemental por día. Si eres mujer y entrenas de forma regular, apunta a la parte baja-media de ese rango. Si eres hombre con sesiones frecuentes e intensas, la parte alta o incluso un poco más puede ser adecuada, siempre valorando la tolerancia individual.

El timing marca una diferencia práctica. Tomar el magnesio por la noche, entre 30 y 60 minutos antes de acostarte, maximiza sus efectos sobre la calidad del sueño. El magnesio regula la actividad del sistema nervioso parasimpático y contribuye a reducir los niveles de cortisol nocturno. Si además optas por el glicinato, el efecto relajante se amplifica gracias a la glicina.

Si prefieres dividir la dosis, una estrategia habitual es tomar la mitad con la comida y la otra mitad por la noche. Esto mejora la tolerancia digestiva y mantiene niveles más estables a lo largo del día. Evita tomarlo junto con suplementos de calcio en dosis altas, ya que ambos minerales compiten por los mismos transportadores de absorción intestinal.

La suplementación tiene sentido, pero no reemplaza a la alimentación. Hay fuentes alimentarias con contenidos interesantes que puedes incorporar sin esfuerzo:

  • Espinacas: 78 mg por cada 100 g en crudo. Una ración generosa en tu ensalada o batido verde ya cubre una parte significativa de tus necesidades.
  • Semillas de calabaza: una de las fuentes más densas en magnesio. 30 g aportan alrededor de 150 mg. Añádelas a tu yogur, avena o ensaladas.
  • Nueces de Brasil: combinan magnesio con selenio, otro mineral frecuentemente deficitario. Con 3-4 unidades al día tienes un aporte valioso.
  • Chocolate negro 70% o más: 100 g aportan cerca de 200 mg de magnesio. No hace falta comer esa cantidad para beneficiarte: un par de onzas al día suman de forma consistente.
  • Legumbres y cereales integrales: lentejas, garbanzos, avena y arroz integral son fuentes moderadas pero consistentes si los consumes habitualmente.

Una dieta basada en alimentos reales y poco procesados cubre buena parte de las necesidades. El problema es que la mayoría de los patrones alimentarios modernos están lejos de ese ideal. Si tu consumo de vegetales de hoja verde, semillas y legumbres es bajo, la suplementación no es un lujo, es una medida práctica para cerrar una brecha real.

Revisar tus niveles de magnesio no requiere análisis especializados inaccesibles. Un control básico de sangre puede orientarte, aunque el magnesio sérico no siempre refleja con precisión los depósitos intracelulares. La mejor señal sigue siendo la respuesta de tu cuerpo: si mejora tu sueño, reduces los calambres y te recuperas mejor entre sesiones, vas por el buen camino.