La muerte de Rachel Apa y lo que los titulares no explican
El 3 de noviembre de 2024, Rachel Apa, una corredora de 24 años, colapsó cerca de la línea de meta del Maratón de Nueva York. Murió horas después como consecuencia de rabdomiólisis, una condición en la que las fibras musculares se descomponen de forma masiva y liberan proteínas tóxicas en el torrente sanguíneo, dañando los riñones y otros órganos vitales. No fue un paro cardíaco. No fue un fallo del corazón. Fue algo diferente, menos conocido y, en cierta medida, más prevenible.
La cobertura mediática que siguió mezcló este caso con las estadísticas habituales sobre muertes cardíacas en maratones, generando una imagen distorsionada del riesgo real. Para cualquier persona que esté entrenando para su primer maratón o que ya tenga varios en las piernas, entender la diferencia entre estos riesgos no es solo cuestión académica. Es información que puede salvarte la vida.
Rabdomiólisis no es una condición exclusiva de atletas de élite ni de personas con patologías previas. Puede aparecer en corredores jóvenes, aparentemente sanos, cuando se dan las condiciones adecuadas: calor extremo, deshidratación severa, un pico brusco de carga de entrenamiento y una base aeróbica insuficiente para las demandas de la prueba. Todos esos factores estuvieron presentes en las condiciones del maratón de ese año.
El riesgo cardíaco: lo que dice la ciencia actualizada
Durante décadas, el miedo más extendido entre los participantes de maratones populares ha sido el del paro cardíaco súbito. No es un miedo infundado. Estudios publicados en The New England Journal of Medicine y JAMA Internal Medicine han documentado tasas de paro cardíaco de entre 0,5 y 2 casos por cada 100.000 participantes en carreras de larga distancia. Son cifras bajas, pero no son cero.
Sin embargo, los datos más recientes muestran una tendencia alentadora. La mortalidad por eventos cardíacos en maratones ha descendido en los últimos diez años, incluso cuando la participación ha alcanzado cifras récord. El Maratón de Nueva York superó los 60.000 finishers por primera vez en su historia en su edición de 2026, y aun así los protocolos de emergencia, la mayor densidad de desfibriladores en el recorrido y la formación de voluntarios en RCP han reducido la tasa de mortalidad por causas cardíacas de forma significativa.
El perfil del corredor que muere por causa cardíaca en un maratón también ha cambiado poco. Suele ser un hombre de entre 40 y 60 años, con factores de riesgo cardiovascular no diagnosticados, que ha aumentado su volumen de entrenamiento de forma demasiado rápida o que compite con síntomas que decidió ignorar. No es el perfil de Rachel Apa. No es el perfil de la mayoría de los corredores jóvenes. Pero merece atención porque muchas de esas muertes son evitables con una revisión médica previa y un protocolo de entrenamiento sensato.
El repunte pospandemia: más participantes, menos preparación
Desde 2020, los médicos deportivos y los directores de carrera han observado algo preocupante: aunque las muertes cardíacas no han aumentado, los eventos cardíacos no fatales sí han registrado un ligero incremento. La explicación más aceptada apunta directamente a la oleada de corredores nuevos que llegaron al maratón tras la pandemia.
El confinamiento despertó en millones de personas el interés por el running. Muchas de ellas pasaron de correr ocasionalmente a inscribirse en un maratón en un plazo de doce a dieciocho meses. Ese tiempo puede ser suficiente para terminar la prueba, pero en muchos casos no lo es para construir la base aeróbica y musculoesquelética necesaria para hacerlo con seguridad. El cuerpo no se adapta al mismo ritmo que el entusiasmo.
Los planes de entrenamiento genéricos descargados de internet, el seguimiento de ritmos de paso más rápidos de lo recomendable para el nivel real del corredor y la falta de orientación profesional han sido señalados como factores contribuyentes. No se trata de disuadir a nadie de correr un maratón. Se trata de que la preparación esté a la altura de la distancia. Un maratón mal preparado no es una aventura romántica. Es un estímulo de estrés fisiológico para el que el cuerpo necesita tiempo real de adaptación.
Rabdomiólisis: factores de riesgo y como reducirlos
La rabdomiólisis inducida por el ejercicio existe en un espectro. En su forma leve, que es más común de lo que se cree, se manifiesta como dolor muscular intenso y orina oscura en los días posteriores a un esfuerzo extremo. En su forma grave, puede provocar insuficiencia renal aguda y la muerte. El caso de Rachel Apa representa el extremo más severo de ese espectro.
Los factores que elevan el riesgo son conocidos y, en su mayoría, modificables:
- Calor y humedad elevados: las temperaturas altas durante la carrera incrementan la demanda sobre el sistema cardiovascular y aceleran la degradación muscular. Correr en condiciones de calor sin la adaptación previa adecuada es uno de los principales desencadenantes.
- Deshidratación: la falta de líquidos concentra las proteínas musculares liberadas en la sangre y reduce la capacidad del riñón para filtrarlas. Hidratarse de forma activa antes, durante y después de la carrera no es opcional.
- Picos bruscos de kilometraje: aumentar el volumen semanal de entrenamiento más de un 10% por semana es una de las reglas más violadas del running de fondo. El músculo no tiene tiempo de repararse entre sesión y sesión, y el daño acumulado puede alcanzar un umbral crítico en competición.
- Base de entrenamiento insuficiente: llegar a la línea de salida de un maratón sin haber completado los rodajes largos necesarios significa que el cuerpo enfrentará la distancia con reservas musculares y energéticas por debajo de lo que la prueba exige.
- Ciertos medicamentos y suplementos: algunos antiinflamatorios, estatinas y suplementos de creatina pueden aumentar la vulnerabilidad muscular bajo estrés extremo. Si tomas alguno de forma habitual, consulta con tu médico antes de competir.
La prevención no requiere tecnología cara ni acceso a un equipo médico privado. Requiere honestidad contigo mismo sobre tu nivel de preparación real, no el que crees tener después de semanas de motivación alta. Si tus rodajes largos no superan los 28-30 kilómetros, si has saltado semanas de entrenamiento, si tu cuerpo lleva señales de alarma que has decidido ignorar, posponer la carrera no es un fracaso. Es una decisión inteligente.
Los maratones no son peligrosos para la mayoría de las personas que llegan bien preparadas. Pero la preparación tiene que ser real, progresiva y honesta. El cuerpo no entiende de bib numbers ni de entradas pagadas meses antes. Entiende de semanas de trabajo acumulado, de descanso respetado y de condiciones de carrera gestionadas con criterio. Eso, más que cualquier otra cosa, es lo que separa una experiencia transformadora de una emergencia médica.