Nutrition

Bebidas azucaradas: las calorías ocultas de los universitarios

Un estudio de 2026 revela que las bebidas azucaradas aportan una parte desproporcionada de las calorías diarias en universitarios. Cambiar lo que bebes puede ser tu mejor movimiento nutricional.

A tipped soda can pours amber liquid onto a cream surface, surrounded by scattered sugar granules.

Lo que bebes en la universidad puede sabotear tu nutrición sin que te des cuenta

Hay un error muy común entre estudiantes universitarios: obsesionarse con los macros del plato y olvidarse por completo de lo que hay en el vaso. Un estudio publicado en julio de 2026 en Clinical Nutrition Research confirmó lo que muchos nutricionistas venían sospechando: las bebidas contribuyen una proporción desproporcionada de la ingesta energética diaria total en población universitaria joven.

El problema no es solo la cantidad de calorías líquidas. Es que estas calorías pasan desapercibidas. Cuando comes una hamburguesa, eres consciente de que estás comiendo. Cuando te acabas una lata de refresco mientras estudias, tu cerebro apenas lo registra como una decisión nutricional relevante.

Para jóvenes adultos activos que hacen deporte, siguen rutinas de entrenamiento o simplemente intentan mantener un peso saludable, este punto ciego puede marcar una diferencia real en sus resultados. No se trata de alarmismo. Se trata de datos.

Las bebidas más consumidas: carbonatadas, azucaradas y con cafeína

Según el estudio de 2026, las categorías de bebidas más consumidas entre universitarios fueron las carbonatadas con azúcar, las bebidas azucaradas en general y las bebidas cafeinadas con azúcar añadido. Una combinación que, sumada a patrones de alimentación ya de por sí irregulares, termina apilando calorías líquidas sobre una base nutricional inestable.

Piénsalo así: un estudiante que se salta el desayuno, come algo rápido al mediodía y cena tarde puede parecer que tiene una ingesta calórica moderada. Pero si a eso le añades dos latas de refresco, un café con leche azucarado y una bebida energética durante la tarde de estudio, el balance cambia completamente. Y lo hace sin que esa persona haya tomado ninguna decisión consciente de "comer más".

Las bebidas energéticas merecen mención aparte. Se han normalizado tanto en el entorno universitario que muchos estudiantes no las perciben como alimentos. Sin embargo, una sola lata puede aportar entre 150 y 200 kcal y entre 25 y 50 gramos de azúcar. Si consumes dos al día durante una semana de exámenes, estás sumando hasta 2.800 kcal extra sin haber modificado una sola comida.

Por que las calorias liquidas son especialmente problematicas para jovenes activos

El tejido científico sobre saciedad es claro: las calorías líquidas generan una respuesta de saciedad significativamente menor que las calorías sólidas. Esto significa que, aunque bebas 400 kcal en forma de refresco o zumo, tu apetito no disminuye de manera proporcional. Sigues con hambre. Sigues comiendo. Y el total diario se dispara.

Para alguien que entrena de forma regular, este mecanismo tiene consecuencias concretas. Si tu objetivo es mejorar tu composición corporal, ganar músculo con un déficit calórico controlado o simplemente rendir mejor en tus entrenamientos, el exceso de azúcar líquida interfiere en todos esos procesos. Los picos de glucosa seguidos de caídas bruscas afectan la energía disponible, el estado de ánimo y la capacidad de concentración, algo que un universitario definitivamente no puede permitirse.

Además, muchas de estas bebidas desplazan opciones que sí aportan valor nutricional real. Cada vez que eliges una bebida azucarada en lugar de agua, leche, kéfir o infusiones sin azúcar, no solo estás sumando calorías vacías. También estás perdiendo la oportunidad de aportar proteína, calcio, electrolitos esenciales para deportistas o hidratación de calidad a tu cuerpo.

Cambiar lo que bebes antes de cambiar lo que comes: el movimiento de mayor impacto

Aquí es donde el estudio de Clinical Nutrition Research reencuadra el debate de forma muy práctica. Rediseñar tu alimentación completa es un proceso costoso en tiempo, dinero y energía mental. Cambiar tus bebidas habituales es, en comparación, una intervención quirúrgica. Pequeña, precisa y con un impacto inmediato en tu balance calórico diario.

Si consumes de media dos bebidas azucaradas al día y las sustituyes por agua o bebidas sin azúcar, puedes eliminar fácilmente entre 300 y 600 kcal diarias sin tocar una sola comida. En términos semanales, eso equivale a reducir entre 2.100 y 4.200 kcal. Una cifra que ningún ajuste en el tamaño de tus porciones igualaría con la misma facilidad.

La estrategia no tiene que ser radical. Aquí tienes un punto de partida realista para universitarios activos:

  • Sustituye los refrescos de media mañana o tarde por agua con gas natural. Obtienes la sensación de carbonatación sin azúcar ni calorías.
  • Cambia las bebidas energéticas azucaradas por café negro o té verde. Tienes la cafeína que buscas, sin los 40 gramos de azúcar que vienen de acompañantes.
  • Prepara tus propias bebidas deportivas cuando entrenes. Una mezcla de agua, una pizca de sal y un poco de zumo natural es suficiente para sesiones de hasta 60-75 minutos. Evitas pagar 2-3 € por una bebida isotónica cargada de colorantes y azúcar.
  • Establece una regla de hidratación base. Antes de tomar cualquier otra bebida, bebe un vaso de agua. Es un hábito simple que reduce el consumo automático de bebidas azucaradas.
  • Revisa las etiquetas de los cafés de cadena. Un café latte grande con sirope puede llegar a los 400 kcal y 45 g de azúcar. No es un café. Es un postre líquido.

El objetivo no es eliminar el placer de tomar algo rico. Es tomar decisiones con información. Si decides tomarte un refresco o una bebida energética, que sea una elección consciente, no un hábito automático que se acumula en silencio a lo largo del día.

La nutrición universitaria tiene muchos frentes complicados: el presupuesto ajustado, los horarios irregulares, el estrés académico, la falta de tiempo para cocinar. Pero las bebidas son, quizá, el único frente donde puedes hacer un cambio grande con un esfuerzo pequeño. Y eso, en el contexto de una vida activa con necesidades nutricionales reales, no es un detalle menor.