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Aranceles enfrían la demanda de calzado deportivo en EE.UU.

Los aranceles y la incertidumbre macro están cambiando las prioridades del consumidor deportivo en EE.UU.: de la tecnología a la durabilidad.

A worn running shoe with a hanging price tag on a warm cream-colored surface.

El nuevo mapa del consumidor deportivo en Estados Unidos

La encuesta Spring 2026 U.S. Consumer and Executive Footwear Survey, elaborada conjuntamente por AlixPartners y la Footwear Distributors and Retailers of America (FDRA), confirma lo que muchos ejecutivos del sector llevaban meses intuyendo: la demanda de calzado deportivo y athleisure en el mercado estadounidense está enfriándose de forma significativa.

Los aranceles impuestos sobre importaciones de calzado, combinados con una incertidumbre macroeconómica que no termina de disiparse, están cambiando el comportamiento del consumidor americano con una velocidad que pocas marcas anticiparon. La presión sobre el poder adquisitivo es real, y se nota directamente en el punto de venta.

Lo más relevante del estudio no es solo la caída en la intención de compra, sino el cambio cualitativo en las prioridades de quien sí compra. El consumidor no ha dejado de comprar zapatillas deportivas porque no le interesen. Ha dejado de comprar porque la ecuación precio-valor ya no le cierra de la misma manera.

De la tecnología al largo plazo: durabilidad como nuevo argumento de compra

Durante los últimos diez años, las grandes marcas de calzado deportivo construyeron sus estrategias de producto alrededor de un concepto central: la innovación tecnológica como palanca de diferenciación. Amortiguación reactiva, placas de fibra de carbono, geometrías de suela diseñadas por algoritmos. Cada temporada, una nueva tecnología justificaba un nuevo precio de referencia.

Esa lógica está siendo cuestionada por el propio consumidor. Según los datos de AlixPartners y FDRA, la durabilidad ha desplazado a la tecnología de rendimiento como principal criterio de compra en el segmento deportivo. El consumidor bajo presión financiera no pregunta cuántos milímetros de drop tiene la suela. Pregunta cuántos kilómetros le va a durar el calzado antes de tener que volver a gastar.

Este giro tiene consecuencias directas para marcas como Nike, Adidas, On Running o HOKA, cuyas líneas más rentables se apoyan precisamente en tecnología de alto rendimiento y precios superiores a los $150. Si el argumento "rinde mejor" pierde peso frente al argumento "dura más", toda la arquitectura de producto y de precios necesita una revisión profunda. Este comportamiento se enmarca en un mercado del athleisure en transformación que ya apunta a dinámicas muy distintas para 2026.

No se trata de un fenómeno pasajero ligado a un trimestre malo. Los datos sugieren que esta reorientación hacia el valor tangible y medible refleja un cambio más estructural en la mentalidad del consumidor. Uno que ya vivimos en mercados europeos durante ciclos de incertidumbre similares, y que tardó varios años en revertirse.

La personalización pierde fuerza como motor de decisión

Otra señal que emerge del estudio y que merece atención específica es el debilitamiento de la personalización y el ajuste customizado como factores de compra. Hace apenas dos o tres temporadas, varias marcas apostaron fuerte por herramientas de configuración personal, ajuste dinámico del calzado e incluso modelos fabricados a medida con tecnología digital.

La apuesta tenía sentido en un contexto de consumidor con capacidad de gasto y apetito por la experiencia de producto diferenciada. Pero en un entorno donde el foco ha migrado hacia la durabilidad y el precio justificado, esos atributos pierden tracción. El consumidor actual no está dispuesto a pagar una prima significativa por un calzado personalizado si percibe que esa inversión no se traduce en mayor vida útil del producto.

Para marcas que construyeron parte de su narrativa de marketing alrededor de la individualización y la tecnología de ajuste, esto representa un problema de posicionamiento concreto. No basta con tener el producto. Hay que poder comunicar su valor de una forma que resuene con las prioridades actuales del consumidor, y eso exige reescribir mensajes que en muchos casos llevan años instalados en la mente de la audiencia.

El riesgo más inmediato es la compresión de márgenes. Si las marcas no logran defender el precio con argumentos que el consumidor considere relevantes hoy, la única palanca que les queda es bajar precios o aumentar descuentos. Ambas opciones deterioran la percepción de valor de la marca a medio plazo y crean un ciclo difícil de romper.

Como deben responder las marcas pro ante este escenario

El primer movimiento que necesitan hacer las marcas posicionadas en el segmento premium no es de producto, sino de narrativa. Reformular el valor de la tecnología en términos de durabilidad es posible y hay espacio para hacerlo con credibilidad. Una placa de carbono que reduce el impacto articular no solo mejora el rendimiento: también prolonga la vida útil funcional del calzado y reduce el coste por kilómetro. Ese argumento existe. Simplemente no se ha comunicado con esa lógica hasta ahora.

El segundo movimiento tiene que ver con la arquitectura de gama. Muchas marcas han concentrado su inversión en marketing en los modelos de mayor precio, asumiendo que el efecto halo arrastraría ventas en segmentos intermedios. En un contexto de presión sobre el gasto, ese modelo funciona peor. Reforzar propuestas de valor claras en la franja de $80 a $120 puede ser más eficaz que insistir en visibilidad para productos de $200 que el consumidor no está dispuesto a comprar hoy.

El tercer elemento es la revisión de la estrategia de retail y distribución. La encuesta de AlixPartners y FDRA también apunta a que los consumidores están siendo más deliberados en su proceso de compra, investigando más antes de decidir y comparando opciones con mayor detalle. Eso significa que el punto de contacto informativo, ya sea digital o físico, tiene más peso que antes. Las marcas que inviertan en contenido educativo sobre durabilidad, mantenimiento y coste total del calzado tendrán una ventaja competitiva real sobre quienes sigan comunicando solo desde el rendimiento.

El escenario arancelario en Estados Unidos no va a resolverse en semanas. Y la incertidumbre macroeconómica tampoco. Las marcas que salgan mejor posicionadas de este ciclo serán las que logren conectar su propuesta tecnológica con los valores que el consumidor considera prioritarios ahora mismo: durabilidad, precio justificado y confianza en que el producto va a cumplir lo que promete durante el tiempo suficiente como para que la inversión tenga sentido. Entender hacia dónde se dirige el mercado global de ropa deportiva será clave para tomar decisiones de posicionamiento con perspectiva real.