El entrenamiento de fuerza ya tiene su propia ola tecnológica
Durante años, la tecnología fitness giró casi en exclusiva alrededor del cardio. Peloton convirtió una bicicleta estática en una plataforma de contenidos. Garmin y Polar perfeccionaron el seguimiento de distancia y ritmo cardíaco. Las pulseras conectadas proliferaron para medir pasos y sueño. Mientras tanto, el entrenamiento con pesas seguía funcionando más o menos igual que en 1985: una barra, unos discos y, si tenías suerte, un entrenador personal mirándote.
Ese desequilibrio está cambiando. Una nueva generación de startups está construyendo software y hardware diseñados específicamente para el entrenamiento de fuerza, y lo está haciendo en un momento en que las salas de pesas ocupan cada vez más espacio en los gimnasios de todo el mundo. Empresas como Suji, Kyla y Fort representan apuestas distintas sobre cómo se va a optimizar la fuerza en los próximos cinco años. Y sus decisiones de producto van a afectar directamente a fabricantes de equipamiento y operadores de instalaciones deportivas.
El mercado que tienen delante no es pequeño. La industria fitness global generó aproximadamente $96,7 mil millones en ingresos durante 2023, respaldada por cerca de 184 millones de socios en instalaciones deportivas de todo el mundo. Capturar aunque sea una fracción de ese volumen con una capa de software inteligente orientada a la fuerza representa una oportunidad real, no una promesa de PowerPoint.
Tres apuestas distintas sobre el mismo problema
Suji, Kyla y Fort no son intercambiables. Cada una ataca el problema desde un ángulo diferente, lo cual hace más interesante el panorama para los operadores que necesitan decidir con quién trabajar, si es que deciden trabajar con alguna.
Suji se centra en la captura de datos durante el movimiento, usando sensores para registrar velocidad, rango de movimiento y fatiga muscular en tiempo real durante cada repetición. Su propuesta es reducir la brecha entre lo que el atleta siente y lo que realmente está haciendo. Kyla apunta más hacia la programación inteligente: utiliza inteligencia artificial para ajustar el plan de entrenamiento semana a semana en función del rendimiento acumulado, el descanso y los objetivos individuales. Fort, por su parte, ha puesto el foco en el equipamiento conectado, desarrollando máquinas de resistencia variable con retroalimentación integrada que no dependen de un dispositivo externo para funcionar.
Lo que las tres comparten es la convicción de que el entrenamiento de fuerza ha sido históricamente el gran olvidado del fitness tech. Y tienen datos que lo sostienen. Los wearables más financiados del sector, como Magic Leap, Oura o WHOOP, han priorizado métricas de recuperación y preparación. Miden el sueño, la variabilidad cardíaca, el estado de alerta. Son herramientas útiles, pero no te dicen si tu quinta serie de sentadillas fue mejor o peor que la cuarta, ni si deberías añadir cinco kilos la próxima semana. Esa capa de coaching en tiempo real orientada a la fuerza es exactamente el hueco que estos nuevos jugadores están tratando de ocupar — un terreno donde los wearables y el entrenamiento de fuerza todavía tienen mucho por resolver.
Lo que le pasó al cardio puede repetirse en la sala de pesas
Para entender la magnitud del movimiento que se está formando, vale la pena mirar hacia atrás. Entre 2012 y 2018, el segmento cardio vivió una transformación que nadie en las empresas fabricantes de cintas y bicicletas tradicionales quiso ver venir con suficiente claridad. Peloton e iFIT no compitieron solo con producto. Compitieron con contenido, con comunidad y con datos. El hardware se convirtió en el vehículo de una plataforma, y los márgenes migraron del fabricante hacia quien controlaba la experiencia digital.
Las marcas que reaccionaron tarde perdieron más que cuota de mercado. Perdieron la relación directa con el usuario final. Sus máquinas seguían vendiéndose, pero el valor percibido se concentraba en la pantalla y en la suscripción, no en el motor o el cuadro. Algunas intentaron construir su propia capa de software cuando ya era demasiado tarde y el coste de adquisición de usuarios se había disparado. Otras firmaron acuerdos de licencia desde una posición de debilidad negociadora.
El riesgo para los operadores de gimnasios y los fabricantes de equipamiento de fuerza es exactamente ese. Si Suji, Kyla o Fort logran crear suficiente adherencia de usuario a través de sus plataformas, el equipamiento físico pasará a ser un commodity. El socio del gimnasio no estará pagando su cuota por las máquinas. Estará pagando por el software que corre encima de ellas. Y si ese software pertenece a un tercero, el operador pierde control sobre la experiencia y, con ella, sobre la retención — una dinámica que ya está reordenando el sector, como muestra la fusión de Mindbody, ClassPass y EGYM en Playlist.
Las tres decisiones que los operadores ya no pueden posponer
Para las marcas de equipamiento y los operadores de instalaciones, el momento de observar desde la distancia está terminando. La pregunta estratégica ya no es si la tecnología va a transformar el entrenamiento de fuerza, sino qué posición quieres ocupar cuando eso ocurra. Hay tres opciones sobre la mesa, y cada una tiene implicaciones distintas:
- Licenciar software de terceros. Es la ruta más rápida y la que requiere menos inversión inicial. El riesgo es evidente: dependencia de un proveedor externo cuyo interés puede no alinearse con el tuyo a largo plazo. Si la startup crece, las condiciones cambian.
- Construir herramientas propias. Da control total sobre la experiencia y los datos del usuario. Pero exige tiempo, talento tecnológico y capital. Para marcas medianas, puede ser una apuesta demasiado lenta para el ritmo al que se está moviendo el mercado.
- Adquirir antes de que las valoraciones suban. Algunas de estas startups todavía están en fases tempranas. Una adquisición bien ejecutada ahora puede ser más barata que una integración forzada dentro de tres años, cuando la empresa tenga tracción real y un precio acorde.
No existe una respuesta única. Una cadena de gimnasios con 500 instalaciones tiene opciones que no tiene un operador independiente con tres centros. Un fabricante global de equipamiento tiene recursos de ingeniería que una marca regional no puede igualar. Pero lo que sí es común a todos es la urgencia de tomar una decisión con criterio, no por defecto.
El entrenamiento de fuerza lleva décadas siendo el núcleo de los gimnasios. Lo que está cambiando ahora es quién va a controlar la inteligencia que lo rodea. Y quienes lleguen tarde a esa conversación probablemente la van a tener en condiciones mucho menos favorables.