17,2 millones de corredores de trail: los datos que cambian el panorama
El trail running ya no es un nicho. Según los datos de UltraSignup presentados en la Conferencia de Trail Running de Estados Unidos 2026, la participación en esta modalidad alcanzó los 17,2 millones de personas en 2025, lo que representa un crecimiento del 6,6% respecto al año anterior. Es la cifra más alta registrada hasta la fecha.
Para ponerlo en perspectiva: hace una década, hablar de trail running era hablar de un grupo reducido de ultramaratonistas y montañeros curtidos. Hoy, esa imagen ya no describe a la mayoría de quienes se calzan zapatillas con suela agresiva y salen al monte.
El crecimiento no es un accidente. Es el resultado de una combinación de factores que llevan años acumulándose y que en 2025 encontraron el punto de inflexión definitivo. Entender qué hay detrás del número es clave para comprender hacia dónde va este deporte.
Quién está llegando al trail y por qué ahora
Los nuevos participantes no se parecen al corredor de trail de hace diez años. Las mujeres, los menores de 35 años y los corredores urbanos que provienen del asfalto son los tres grupos que más están empujando el crecimiento. Cada uno llega al trail por razones distintas, pero con algo en común: buscan más de lo que el running de ciudad les puede dar.
El salto desde la carretera al sendero es, en muchos casos, una respuesta al agotamiento del running urbano. Después de años de carreras populares, maratones y aplicaciones de entrenamiento, muchos corredores de ciudad sienten que necesitan un estímulo diferente. El trail ofrece variedad de terreno, desconexión digital real y un componente técnico que vuelve a hacer interesante el entrenamiento.
En el caso de las mujeres, el crecimiento es especialmente notable. Las participantes femeninas representan ya más del 38% del total en muchas carreras de referencia en Norteamérica, una cifra que sigue subiendo. La comunidad de trail ha trabajado en los últimos años para construir entornos más inclusivos, y ese esfuerzo empieza a verse reflejado en los datos reales de inscripción.
Los corredores más jóvenes, por su parte, llegan influenciados por las redes sociales y por una generación de atletas de trail que han convertido sus aventuras en contenido aspiracional. Nombres como Courtney Dauwalder o Kilian Jornet no solo ganan carreras: inspiran a miles de personas a registrarse en su primer 20K de montaña, del mismo modo que la victoria de Pommeret en el Hardrock 100 ha demostrado que el rendimiento de élite no entiende de edad.
La presión sobre los senderos, las carreras y el material de entrada
Más corredores es una buena noticia para el deporte. Pero también genera tensiones que el ecosistema del trail todavía está aprendiendo a gestionar. El primer punto de fricción es el acceso a los propios senderos.
En muchas zonas de California, Colorado o los Alpes europeos, los gestores de espacios naturales ya están aplicando límites de aforo, permisos previos y restricciones estacionales en rutas que antes eran completamente libres. El impacto ambiental de decenas de miles de corredores adicionales sobre terrenos frágiles no es menor, y fenómenos como los incendios en Colorado que cancelaron carreras en 2026 recuerdan que la presión sobre el territorio puede tener consecuencias directas sobre el calendario competitivo.
La infraestructura de las carreras también está bajo presión. Los eventos más populares agotan sus plazas en minutos, los sistemas de lotería se han convertido en estándar, y muchas organizaciones pequeñas no tienen los recursos para escalar sin comprometer la experiencia. El reto no es solo llenar dorsales. Es mantener aquello que hace especial a una carrera de trail.
En paralelo, el mercado de material de entrada está viviendo un momento interesante. El corredor que viene del asfalto necesita equiparse: zapatillas de trail, mochila de hidratación, bastones para distancias largas, ropa técnica adecuada para cambios de temperatura. Las marcas lo saben, y la competencia en el segmento de entrada y gama media se ha intensificado considerablemente.
- Zapatillas de trail entry-level: marcas como Decathlon, Brooks o Hoka han ampliado sus líneas más accesibles, con precios entre $80 y $140 que antes no existían en sus catálogos.
- Mochilas de hidratación: el formato de chalecos de carrera, antes reservado a distancias ultra, ha bajado de precio y de complejidad para adaptarse al corredor ocasional.
- Nutrición deportiva: los geles y alimentos sólidos pensados para esfuerzos largos en montaña están ganando espacio en tiendas generalistas que hace tres años no los habrían incluido en su surtido.
El resultado es un mercado más accesible pero también más fragmentado, donde las marcas especializadas tienen que redefinir su propuesta de valor frente a opciones más baratas que cumplen las necesidades básicas de quien acaba de llegar al deporte.
Lo que este crecimiento significa para la cultura del trail
Hay un debate que aparece cada vez que un deporte de nicho se populariza: ¿se pierde la esencia cuando llegan las masas? En el trail running, esa conversación ya está sobre la mesa, y no siempre es cómoda.
Los corredores más veteranos señalan cambios en la cultura de las carreras. Más competitividad en las inscripciones, más presencia de marcas en espacios antes muy austeros, y un cambio en el perfil del participante medio que a veces trae expectativas distintas a las del corredor de montaña clásico. No se trata de elitismo, sino de una transformación cultural real que merece atención.
Al mismo tiempo, hay argumentos sólidos a favor del crecimiento. Más participantes significa más presupuesto para mantener y mejorar los senderos, más voces para defender los espacios naturales ante las administraciones públicas, y una comunidad más diversa que puede enriquecer el deporte desde múltiples perspectivas. El trail no tiene que elegir entre crecer y ser auténtico. Pero sí tiene que gestionar esa tensión con inteligencia.
Lo que los datos de 2025 dejan claro es que el trail running ha cruzado un umbral. Ya no es un deporte alternativo que se practica en los márgenes del running convencional. Es una disciplina con peso propio, con millones de practicantes y con una influencia creciente sobre cómo entendemos el entrenamiento, la naturaleza y la comunidad deportiva.
El reto para los próximos años no es mantener el crecimiento. El reto es convertir esos 17,2 millones en una fuerza que cuide lo que hace posible el deporte: los senderos, los espacios naturales y la cultura que lo define. Sin eso, el número no vale gran cosa.