Running

Cómo perder menos ritmo en tu próximo ultra

El fade tardío en ultramaratones tiene causas fisiológicas concretas. Aprende a prevenirlo con entrenamiento, nutrición y estrategia de carrera.

Por qué te hundes en los últimos kilómetros de un ultra

El colapso de rendimiento en la parte final de un ultramaratón no es mala suerte ni falta de voluntad. Tiene causas fisiológicas concretas que puedes anticipar y atacar con estrategia.

El primero de los culpables es el agotamiento del glucógeno muscular y hepático. A partir de las cuatro o cinco horas de esfuerzo, tus reservas de carbohidratos se van vaciando progresivamente. Si no repones a la velocidad adecuada, el sistema nervioso central empieza a racionar energía y el ritmo cae en picado, aunque las piernas parezcan dispuestas a seguir.

El segundo factor es la pérdida acumulada de sodio. En distancias largas, la hiponatremia leve es más frecuente de lo que se cree. Sudoración prolongada, consumo excesivo de agua sin electrolitos y calor son una combinación peligrosa que genera fatiga cognitiva, náuseas y pérdida de coordinación muscular, exactamente los síntomas que muchos corredores atribuyen a "la pájara".

A eso se suma el daño muscular acumulado. Los descensos técnicos destrozan las fibras musculares de cuádriceps e isquiotibiales mediante contracciones excéntricas repetidas. Después de 60 o 70 km, ese daño se traduce en rigidez, temblores y una pérdida de economía de carrera que puede costar varios minutos por kilómetro. Por último, en carreras de más de 24 horas, la privación del sueño añade deterioro cognitivo, alucinaciones leves y una caída brusca de la motivación que hacen que cualquier problema menor parezca insuperable.

Cómo entrenar para llegar fuerte al tramo final

La primera herramienta de tu plan de preparación deben ser los tirones largos en días consecutivos, conocidos como back-to-back long runs. La idea es simple: salir a rodar largo el sábado y repetir el domingo sin recuperar del todo. Esto enseña al cuerpo a funcionar con glucógeno parcialmente agotado y a reclutar fibras musculares alternativas cuando las principales están fatigadas. Con dos bloques de este tipo al mes durante los últimos diez semanas antes de la carrera es suficiente para generar adaptación sin acumular lesión.

El entrenamiento de calor merece un apartado propio. Aunque tu carrera sea en montaña fresca, exponerte de forma controlada al calor, ya sea en sauna, en sesiones de ciclismo estático con ropa extra o en rodajes al mediodía en verano, eleva el volumen plasmático sanguíneo. Más plasma significa mejor transporte de oxígeno y mayor capacidad de termorregulación. Un protocolo de diez sesiones de 30-40 minutos a alta temperatura, distribuido en dos semanas, produce mejoras medibles en la resistencia a la fatiga.

El tercer pilar es el volumen específico de descenso. La mayoría de los planes de ultra incluyen mucho desnivel positivo y olvidan el negativo. Error grave. Para proteger los cuádriceps durante la carrera, necesitas exponer esas fibras al estrés excéntrico en entrenamiento, de forma progresiva y deliberada. Empieza con descensos de 300-400 metros de desnivel negativo cada semana y sube hasta superar el perfil de tu carrera objetivo. No necesitas ir rápido, necesitas acumular tiempo bajo tensión excéntrica.

Ritmo y nutrición: las decisiones que marcan la diferencia

El error de ritmo más común en ultras no es salir demasiado rápido en el primer kilómetro. Es salir demasiado rápido en el primer tercio de la carrera cuando todavía te sientes bien. La regla práctica más respaldada por el deporte aplicado es mantener tu esfuerzo percibido por debajo del 65% en el primer tercio, aunque eso signifique ver pasar a corredores que llevan un ritmo que tú podrías mantener. Los ultras se ganan en el tramo final, no al principio.

En cuanto a la ingesta de carbohidratos, la ciencia actual apunta a un objetivo de entre 60 y 90 gramos por hora una vez superadas las dos horas de carrera. Algunos corredores de élite que han entrenado específicamente la oxidación de múltiples fuentes de carbohidratos llegan a tolerar hasta 120 g/h, pero ese rango requiere meses de entrenamiento del intestino. Si no has practicado comer mientras corres durante los entrenamientos, no experimentes en carrera. Usa una mezcla de glucosa y fructosa en proporción 2:1 para maximizar la absorción intestinal y minimizar el riesgo de molestias gastrointestinales.

El sodio debe acompañar siempre a la hidratación. Una orientación razonable es tomar entre 500 y 1000 mg de sodio por hora en condiciones de calor o sudoración intensa, ajustando según tu tasa de sudoración y la temperatura ambiental. Puedes usar cápsulas de electrolitos, caldo de los puestos de avituallamiento o geles con sodio incorporado. Lo que no puedes hacer es beber solo agua durante horas.

Toma de decisiones en los puestos de avituallamiento

Los puestos de avituallamiento son el lugar donde se ganan y se pierden los ultras. Muchos corredores llegan, comen lo primero que ven, charlan más de la cuenta y salen sin haber cubierto sus necesidades reales. Antes de la carrera, define un protocolo de avituallamiento en tres pasos: primero reponer líquidos y electrolitos, segundo comer algo sólido si el estómago lo tolera, tercero revisar el estado de los pies y el equipo si el tramo siguiente es técnico o nocturno.

En el último tercio de la carrera, cuando el cuerpo ya acusa el desgaste, el riesgo es tomar decisiones emocionales. Sentarte más de lo necesario porque estás cansado, abandonar porque tienes un dolor que en realidad es manejable, o acelerar porque ves a alguien que conoces y tu ego toma el mando. Entrena tu protocolo mental de checkeo en los entrenamientos largos: cuando llegues a un punto de avituallamiento simulado, hazte tres preguntas. ¿Cómo está mi nivel de energía? ¿Cómo está mi hidratación? ¿Hay algún problema físico que deba atender ahora antes de que escale?

Llevar un plan de nutrición escrito en papel o en el teléfono puede parecer excesivo hasta que llevas 80 km y tu capacidad cognitiva se ha reducido a la mitad. En ese momento, seguir un guión predefinido es más fiable que tomar decisiones en caliente. Anota los objetivos de ingesta por hora, los nombres de los productos que llevas, y una nota de ánimo que hayas escrito tú mismo antes de la carrera. Ese pequeño gesto puede ser la diferencia entre terminar y no terminar.