Una ambición declarada en voz alta
El Maratón de París no se esconde. Sus directivos llevan meses repitiendo la misma frase en entrevistas, foros del sector y presentaciones a patrocinadores: quieren formar parte del circuito Abbott World Marathon Majors. No como un sueño vago, sino como objetivo estratégico con fecha en el horizonte.
Ese circuito agrupa hoy seis carreras. Boston, Tokio, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York. Seis eventos que marcan el calendario global del running y que concentran la mayor parte de la atención mediática, el dinero en premios y el talento élite del mundo. Entrar en ese club no es solo una cuestión de prestigio. Es un cambio de categoría económica y de visibilidad global.
La pregunta real no es si París quiere ese estatus. Está claro que sí. La pregunta es si tiene todo lo necesario para conseguirlo, y si el momento actual del calendario internacional de carreras le favorece o le complica aún más el camino.
Lo que los Majors exigen y lo que París ofrece hoy
El Abbott WMM no publica un reglamento oficial de admisión, pero los criterios que cualquier candidato debe cumplir son conocidos en el sector. Hay cuatro pilares fundamentales que París necesita demostrar de forma consistente, no puntual.
- Campo élite de primer nivel: presencia habitual de los mejores corredores del mundo, con tiempos competitivos que atraigan cobertura internacional.
- Volumen de participantes: una masa crítica de corredores de todos los rincones del mundo, no solo del país anfitrión.
- Difusión y alcance mediático: transmisión en directo con audiencias globales, presencia en grandes cadenas y plataformas digitales con alcance real fuera de Francia.
- Reconocimiento de marca global: que el nombre de la carrera signifique algo para un corredor en Nairobi, São Paulo o Seúl, no solo en Europa.
En volumen de participantes, París cumple. Con cerca de 50.000 corredores en sus ediciones recientes, está en la misma liga que Berlín o Chicago. El recorrido por el corazón de la ciudad, pasando por el Louvre, los Campos Elíseos y la Torre Eiffel, ofrece un escenario que ningún otro maratón del mundo puede replicar. Eso tiene un valor de marca enorme.
Donde todavía hay distancia respecto a los Majors es en la calidad del campo élite. Los tiempos ganadores en París son competitivos, pero la carrera no logra atraer de forma regular a los atletas de mayor proyección mundial. Cuando los mejores etiopes y keniatas tienen que elegir entre París y el Maratón de Londres, que se celebran con apenas una semana de diferencia, casi siempre eligen Londres. Esa competencia directa en el calendario es uno de los mayores obstáculos estructurales que enfrenta París.
Un calendario global que se mueve rápido
El contexto externo no espera. El circuito de los Majors lleva años siendo un sistema cerrado, pero las señales recientes apuntan a una posible expansión. El anuncio del Maratón de Sídney y la confirmación de nuevas ediciones de maratones con respaldo institucional en otras ciudades globales muestran que el modelo puede crecer. Y eso cambia el tablero.
Si el Abbott WMM decide ampliar el circuito antes de que París consolide su posición, otras ciudades podrían adelantarse. Sídney tiene el respaldo del gobierno australiano, un mercado de running en pleno crecimiento y una proyección en Asia-Pacífico que ninguna ciudad europea puede replicar. Para París, el tiempo no es un lujo.
Al mismo tiempo, los Juegos Olímpicos de 2024 dejaron a París en un momento de exposición global sin precedentes. La ciudad demostró capacidad organizativa a una escala enorme. Eso tiene valor de credencial. Pero los Majors no evalúan solo infraestructura. Evalúan ecosistema de carrera: contratos con agentes élite, estructura de premios en metálico, sistema de invitaciones y relaciones con las federaciones de atletismo. Ahí París tiene trabajo pendiente.
Qué tendría que cambiar para que el salto sea real
Si los organizadores del Maratón de París hablan en serio, y todo indica que sí, hay decisiones concretas que no pueden aplazarse. La primera es mover la fecha de la carrera o negociar con los organizadores de Londres para reducir el solapamiento de élites. Mientras las dos carreras compitan por los mismos atletas en el mismo fin de semana, París siempre perderá esa batalla.
La segunda es aumentar significativamente el fondo de premios. Los Majors son, entre otras cosas, mercados financieros para corredores profesionales. Boston, Chicago y Nueva York ofrecen bolsas que hacen que valga la pena volar desde Addis Abeba o Iten. París necesita que sus números sean comparables, y eso requiere patrocinadores dispuestos a comprometerse a largo plazo, no solo para una edición especial.
El tercer eje es la cobertura audiovisual. El Maratón de Chicago lleva años construyendo una producción televisiva que se distribuye en todo el mundo. París tiene la ciudad más fotografiada del planeta como escenario, pero eso no se traduce automáticamente en audiencias globales si la señal no llega a los canales correctos en los mercados correctos. Una asociación estratégica con una plataforma internacional de streaming o con una cadena deportiva de primer nivel cambiaría las reglas del juego.
Hay algo que París sí tiene que otros candidatos no pueden comprar: el nombre de la ciudad. París es una de las marcas más reconocidas del mundo, independientemente del running. Eso es un activo real, pero también puede convertirse en una trampa si la organización asume que el nombre es suficiente y descuida los detalles técnicos que los Majors sí miran con lupa.
El Maratón de París tiene los ingredientes para aspirar al circuito más exclusivo del running mundial. Tiene la ciudad, el volumen, la infraestructura y la ambición declarada. Lo que le falta es resolver varios nudos operativos y competitivos antes de que otras ciudades cierren la puerta. La carrera más importante de París puede que no sea la del mes de abril. Es la que está corriendo ahora mismo, en despachos y negociaciones, contra el reloj.