Running

¿Son las mujeres corredoras más resistentes que los hombres?

Un estudio escandinavo revela que las mujeres solo pierden un 1% de velocidad tras tres horas corriendo, frente al 10% de los hombres. Esto es lo que hay detrás.

A woman and man run side by side on a rural road in golden light, displaying contrasting running styles and stride mechanics.

Lo que dice la ciencia sobre la resistencia femenina en el running

Durante años, la conversación sobre el rendimiento deportivo entre hombres y mujeres se ha centrado casi exclusivamente en la velocidad máxima o en los récords absolutos. Pero un estudio publicado en el Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports cambia el foco por completo y apunta a algo que muchos corredores no esperaban.

Los datos son contundentes: tras tres horas de carrera continua, las mujeres redujeron su ritmo apenas un 1%, mientras que los hombres llegaron a perder hasta un 10% de velocidad respecto a su ritmo inicial. No es una diferencia menor. Es la diferencia entre cruzar la meta fuerte o llegar arrastrándote.

Este fenómeno no es una casualidad estadística ni el resultado de una muestra pequeña. Responde a factores fisiológicos concretos que tienen nombre y explicación. Entenderlos no solo satisface la curiosidad, sino que puede transformar la forma en que cualquier corredor, hombre o mujer, prepara sus carreras largas.

El músculo que marca la diferencia: los extensores de rodilla

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio tiene que ver con un grupo muscular muy específico: los extensores de rodilla. Estos músculos, protagonistas del gesto de zancada, son los que más sufren durante las fases finales de una carrera larga. Y aquí es donde aparece una brecha fisiológica clara entre sexos.

Las mujeres muestran una mayor capacidad para mantener la fuerza en estos músculos después de dos, tres o más horas de esfuerzo continuado. Los hombres, en cambio, experimentan una fatiga neuromuscular más pronunciada que obliga al cuerpo a reclutar patrones de movimiento menos eficientes, lo que se traduce directamente en pérdida de ritmo y mayor riesgo de lesión.

La razón detrás de esto no está del todo clara, pero las hipótesis apuntan a diferencias en la composición de fibras musculares y en la capacidad de recuperación intracarrera. Las mujeres tienden a tener una proporción mayor de fibras tipo I, las llamadas fibras de contracción lenta, que son más resistentes a la fatiga y más eficientes en el uso del oxígeno. Esto no significa que los hombres estén en desventaja en todos los escenarios, pero sí en los de larga duración.

Metabolismo y eficiencia energética: otra ventaja que nadie ve

La durabilidad muscular no es el único factor. El estudio también apunta a diferencias significativas en la forma en que hombres y mujeres gestionan su energía durante el ejercicio prolongado. Las mujeres presentan un metabolismo más estable y eficiente a medida que avanza la distancia, lo que se traduce en un consumo calórico más racional y sostenible.

En términos prácticos, las mujeres tienen una mayor tendencia a oxidar grasas como fuente de energía durante el esfuerzo aeróbico prolongado. Esto es una ventaja enorme en ultramaratones o maratones, donde las reservas de glucógeno son limitadas y quien las agota primero es quien colapsa. Los hombres, por lo general, dependen más del glucógeno muscular, lo que los hace más vulnerables al temido "muro" de los kilómetros finales.

Esta eficiencia metabólica también se refleja en una mayor estabilidad hormonal durante carreras largas. Algunos estudios complementarios sugieren que los estrógenos juegan un papel protector en la función muscular y en la regulación del estrés oxidativo. No es que las mujeres no sientan fatiga. Es que su cuerpo está mejor equipado para manejarla durante periodos extendidos de esfuerzo.

Lo que puedes aplicar a tu entrenamiento ahora mismo

Conocer estos datos no sirve de nada si no los conviertes en acción. Tanto si eres hombre como mujer, hay estrategias concretas que puedes incorporar a tu preparación para mejorar tu durabilidad en los tramos finales de carrera. La clave está en entrenar específicamente esa capacidad de mantener el ritmo cuando el cuerpo ya está fatigado.

El primero de los enfoques más efectivos es el trabajo de cargas progresivas hacia el final del entrenamiento. En lugar de terminar tus rodajes largos a ritmo cómodo o más lento, introduce los últimos 20 o 30 minutos a ritmo de carrera objetivo o incluso ligeramente por encima. Esto obliga a tu sistema neuromuscular a adaptarse a la fatiga acumulada y a seguir produciendo una zancada eficiente cuando más cuesta.

El segundo pilar es el fortalecimiento específico de los extensores de rodilla. Ejercicios como sentadillas, prensas de pierna, step-ups con carga o trabajo excéntrico de cuádriceps no son solo para quienes buscan masa muscular. Son herramientas directas para mejorar la durabilidad en carrera. Incluirlos dos veces por semana durante tu bloque de preparación puede marcar una diferencia real en tus carreras de más de dos horas.

El tercer elemento es la gestión nutricional durante el esfuerzo. Si tu metabolismo tiende a depender mucho del glucógeno, entrenar al cuerpo para utilizar grasas con más eficiencia puede ser un cambio de juego. Esto se consigue con algunos rodajes en ayunas controlados, con una dieta que no elimine las grasas saludables y con una estrategia de entrenamiento aeróbico de base que no dependa exclusivamente de geles azucarados.

  • Rodajes con progresión final: termina el 20-25% de tu recorrido largo a ritmo de competición para acostumbrarte a rendir en fatiga.
  • Fuerza de cuádriceps y glúteos: dos sesiones semanales de trabajo de fuerza funcional reducen la fatiga neuromuscular en los tramos finales.
  • Entrena tu metabolismo graso: incorpora salidas largas a ritmo bajo sin carbohidratos extra para mejorar la eficiencia energética.
  • Recuperación activa entre sesiones: el descanso bien gestionado es parte del entrenamiento de durabilidad, no su opuesto.
  • Analiza tu ritmo en carreras anteriores: si pierdes más de un 5% de velocidad en los últimos kilómetros, tienes un margen claro de mejora en tu resistencia específica.

La durabilidad no es un talento con el que naces o no naces. Es una cualidad que se entrena, que se construye con meses de trabajo inteligente y que puede ser el factor diferencial entre tu mejor marca personal y una carrera que se deshace en los últimos diez kilómetros. Los datos científicos sobre cómo evoluciona tu forma física con los años te dan el mapa. El entrenamiento, el camino.