El año en que las mujeres tomaron el control del ultra running
Septiembre de 2026. Jessie Diggins, conocida por dominar los esquís de fondo en los Juegos Olímpicos, cruza la línea de llegada del Superior 100 con una victoria absoluta en su debut en la distancia de 100 millas. No es un resultado simbólico ni una historia bonita para redes sociales. Es una señal.
Pocas semanas después, Katharina Hartmuth sube al podio del TOR330, una de las carreras de montaña más exigentes del planeta, con 330 kilómetros y más de 24.000 metros de desnivel positivo. Su posición entre los finalistas absolutos no pasa desapercibida. Los comentarios en foros especializados van todos en la misma dirección: algo está cambiando, y está cambiando rápido.
Lo que vemos en 2026 no es una coincidencia ni un golpe de suerte. Es la cristalización de años de trabajo silencioso, de ciencia que avanza y de una comunidad que crece sin pedir permiso.
La brecha se cierra donde más duele: en las distancias extremas
Existe evidencia científica acumulada durante décadas que sugiere algo contraintuitivo: cuanto más larga es la distancia, más se reduce la diferencia de rendimiento entre hombres y mujeres. En pruebas de sprint o en maratón convencional, la brecha se mantiene estable, en torno al 10-12%. Pero en ultras de 200 kilómetros o más, esa diferencia se estrecha de forma notable.
Los datos de 2026 están confirmando esa hipótesis en tiempo real. La victoria de Diggins en el Superior 100, la presencia de Hartmuth entre la élite absoluta del TOR330 y el récord femenino de velocidad en recorrido establecido por Lucy Gossage en el Pennine Way no son fenómenos aislados. Son puntos en una misma línea de tendencia.
Lucy Gossage, médica oncóloga y triatleta de larga distancia reconvertida al trail, pulverizó la marca femenina en el Pennine Way en la primera mitad de 2026. El recorrido atraviesa más de 400 kilómetros del norte de Inglaterra con un terreno técnico y condiciones meteorológicas impredecibles. Su hazaña añadió otro dato a una tabla que, vista en perspectiva, resulta difícil de ignorar.
Por que 2026 no es un accidente: los factores detrás del cambio
Hablar de "momento histórico" sin explicar qué hay detrás sería quedarse en la superficie. Los atletas y expertos consultados apuntan a tres grandes catalizadores que explican por qué el ultra running femenino está viviendo su mejor momento justo ahora.
El primero es el avance en la ciencia de la nutrición deportiva específica para mujeres. Durante años, la mayoría de los protocolos de alimentación en carrera se diseñaron tomando como referencia el cuerpo masculino. La investigación sobre cómo la fase del ciclo menstrual afecta el metabolismo de los carbohidratos, la termogregulación o la recuperación muscular era casi inexistente. En los últimos tres años ese hueco se ha empezado a rellenar, y las estrategias de fueling que hoy usan atletas como Hartmuth son radicalmente distintas a las que habrían tenido disponibles hace una década.
El segundo factor es el acceso a entrenadores que entienden las diferencias fisiológicas. No se trata solo de que existan más entrenadoras (que también), sino de que el sector ha incorporado conocimiento específico sobre cómo adaptar la carga de entrenamiento al ciclo hormonal, cómo gestionar periodos de sobreentrenamiento que en mujeres tienen consecuencias distintas, y cómo periodizar temporadas largas sin sacrificar la salud ósea. Ese conocimiento ahora llega también a atletas amateur a través de plataformas, pódcasts y comunidades online.
El tercero, y quizás el más difícil de cuantificar pero no por eso menos real, es la masa crítica de mujeres que hoy compiten en ultras. Cuando el número de participantes femeninas crece, crece también la competencia interna, el nivel sube, los tiempos mejoran y los patrocinadores empiezan a mirar. Esa masa crítica genera referentes, y los referentes generan la siguiente oleada de atletas. Es un ciclo que, en 2026, ya lleva suficiente velocidad como para sostenerse solo.
Lo que esto significa si tú corres ultras, o si estás pensando en empezar
Quizás no compitas en el TOR330 ni aspiras a batir ningún récord. Pero lo que está ocurriendo en la élite tiene consecuencias directas para cualquier persona que corra ultras o que esté considerando dar ese salto.
La primera es conceptual: se está desmontando la idea de que el ultra running es un deporte diseñado para un tipo específico de cuerpo o de persona. Durante mucho tiempo, la imagen dominante del ultrarunner era la de un hombre de mediana edad con una capacidad aparentemente sobrehumana para sufrir. Esa imagen no desaparece de un día para otro, pero cada vez encaja peor con lo que vemos en las llegadas.
La segunda consecuencia es práctica. La mayor investigación sobre fisiología femenina en deportes de resistencia extrema está produciendo herramientas que son útiles para todas las atletas, independientemente de su nivel. Algunas de las áreas donde más se ha avanzado incluyen:
- Estrategias de hidratación ajustadas a las variaciones hormonales durante el ciclo menstrual.
- Planificación del entrenamiento que tiene en cuenta fases de mayor y menor capacidad de carga.
- Protocolos de recuperación que reducen el riesgo de lesiones como fracturas por estrés, más frecuentes en mujeres con déficit calórico.
- Guías de fueling en carrera específicas para metabolismos que queman grasa de forma diferente según el contexto hormonal.
La tercera consecuencia tiene que ver con la comunidad. Las carreras de ultra distancia con mayor crecimiento en participación femenina están reportando también cambios en su cultura interna: más mujeres en puestos de organización, más categorías específicas, más visibilidad en la cobertura mediática. No es un cambio uniforme ni está garantizado, pero la dirección es clara.
Si eres corredora y llevas tiempo dudando si una ultra está a tu alcance, los resultados de 2026 te están diciendo algo concreto: el argumento de que ese territorio "no es para ti" tiene cada vez menos base. Las barreras que persisten son reales, pero ninguna de ellas es fisiológica.
Y si entrenas a otras personas, la pregunta que vale la pena hacerte es si los protocolos que aplicas están diseñados con evidencia actualizada o con los supuestos de hace veinte años. La respuesta a esa pregunta tiene impacto directo en los resultados de tus atletas, y en su salud a largo plazo.
Lo que Diggins, Hartmuth y Gossage han hecho en 2026 no es solo ganar carreras. Es demostrar, con datos y cronómetros, que el ultra running tiene mucho más espacio del que parecía. Y eso cambia las reglas para todos.