Nutrition

Atletas adolescentes: comen peor de lo que crees

Un estudio de 2026 revela que los atletas adolescentes tienen déficits graves de hierro, calcio e hidratos de carbono que varían según el deporte practicado.

An open gym bag on a bench spilling fast food wrappers, crushed energy drink cans, and tangled earbuds.

Lo que revela el estudio que nadie quería ver

Un estudio transversal publicado en 2026 analizó los hábitos alimentarios y el nivel de conocimiento nutricional de atletas adolescentes en un instituto de educación física. Los resultados fueron incómodos: las carencias no eran uniformes ni aleatorias. Dependían, en gran medida, del deporte que practicaba cada chico o chica.

Los deportistas de disciplinas de equipo mostraron puntuaciones de conocimiento nutricional notablemente más bajas que quienes practicaban deportes individuales. Esto sugiere que la cultura interna de cada deporte, los rituales del vestuario, lo que come el capitán, lo que se celebra después del partido, influye tanto como lo que dice el entrenador en la pizarra. La nutrición se aprende también por imitación.

El dato más preocupante del estudio fue la desconexión entre la carga de entrenamiento y la estrategia de alimentación. Dicho de forma sencilla: muchos jóvenes atletas entrenan como profesionales y comen como si fueran sedentarios. Esa brecha tiene consecuencias reales, no solo en el rendimiento, sino en la salud a largo plazo.

Por qué los adolescentes atletas son el grupo de mayor riesgo

Un adulto que se queda sin energía durante un entrenamiento paga un precio. Un adolescente que lo hace paga dos: el coste del rendimiento y el coste del desarrollo. A los 14, 15 o 16 años, el cuerpo todavía está construyendo masa ósea, regulando hormonas y completando el crecimiento muscular. Si el combustible no llega, el organismo toma decisiones, y casi siempre prioriza la supervivencia sobre el rendimiento deportivo.

Este fenómeno tiene nombre clínico: disponibilidad energética insuficiente. No es lo mismo que un trastorno alimentario, aunque puede coexistir con uno. En muchos casos es simplemente desconocimiento. El chico que hace dos entrenamientos al día y cena una ensalada porque "quiere estar definido" no sabe que está comprometiendo su sistema hormonal, su densidad ósea y su recuperación muscular al mismo tiempo.

Las chicas atletas enfrentan un riesgo adicional. La combinación de baja disponibilidad energética, alteraciones menstruales y pérdida de densidad ósea se conoce como la Tríada de la Atleta Femenina, y puede instalarse de forma silenciosa durante la adolescencia. Cuando los síntomas se vuelven visibles, el daño ya lleva meses acumulándose. Por eso la prevención tiene que empezar antes, y tiene que empezar con información real.

Las carencias más frecuentes y cómo cerrarlas con comida real

El estudio identificó tres déficits que aparecen de forma consistente en atletas jóvenes: hierro, calcio e hidratos de carbono. No son casuales. Responden a patrones de alimentación muy concretos que se repiten en este grupo de edad.

El hierro es el primero en caer cuando la dieta es pobre en proteína animal o cuando hay una ingesta calórica insuficiente. Los síntomas, cansancio, falta de concentración, peor recuperación, se confunden fácilmente con sobreentrenamiento. La solución no pasa necesariamente por suplementos. Incluir carne roja magra dos o tres veces por semana, combinar legumbres con vitamina C y cocinar en sartenes de hierro son estrategias accesibles que marcan diferencia.

El calcio sufre cuando los lácteos se eliminan sin reemplazarse, algo cada vez más común entre adolescentes que siguen tendencias de alimentación sin orientación profesional. El hueso se construye principalmente antes de los 25 años. Lo que no se deposita ahora, no se recupera después. Sardinas con espina, tofu firme, almendras y verduras de hoja verde oscura como el brócoli o la col rizada son fuentes reales y efectivas.

Los hidratos de carbono son el nutriente más incomprendido entre los jóvenes deportistas. El miedo al "azúcar" y a los carbohidratos en general ha permeado la cultura juvenil, y el resultado es que muchos atletas llegan a los entrenamientos con los depósitos de glucógeno casi vacíos. Avena, arroz, pasta, patata, pan integral y fruta no son el enemigo. Son el combustible sin el que el motor no arranca. Un atleta adolescente con alta carga de entrenamiento puede necesitar más de lo que dicen las guías en cuanto a ingesta total de energía, llegando a entre 6 y 10 gramos de carbohidratos por kilogramo de peso al día.

  • Hierro: carne roja magra, legumbres con pimiento rojo, espinacas salteadas, mejillones.
  • Calcio: yogur natural, sardinas en lata, brócoli, almendras, tofu.
  • Carbohidratos: avena, arroz blanco o integral, plátano, pasta, patata cocida.
  • Proteína de calidad: huevo, pollo, pescado, legumbres combinadas con cereal.
  • Hidratación: agua como base, bebidas con electrolitos en sesiones de más de 60-90 minutos.

Lo que padres y entrenadores pueden cambiar hoy mismo

El estudio deja una lectura clara para quienes trabajan con jóvenes atletas: periodizar el entrenamiento sin periodizar la alimentación es planificar a medias. Un programa de desarrollo deportivo que no incluye educación nutricional básica tiene un agujero estructural. Y ese agujero lo pagan los chicos y chicas con su salud.

Los entrenadores no necesitan convertirse en nutricionistas. Pero sí pueden dejar de normalizar ciertos comportamientos: el ayuno antes del entrenamiento, la restricción de carbohidratos para "bajar peso" antes de una competición, o el uso de suplementos sin ningún criterio. Hablar de comida en los entrenamientos, preguntar cómo durmieron y qué desayunaron, es parte del trabajo de un buen entrenador.

Los padres tienen una palanca enorme que a veces subestiman: el entorno alimentario del hogar. No hace falta preparar menús de alto rendimiento cada día. Basta con que la nevera tenga proteína disponible, que el desayuno antes del entreno sea real y no un café, y que se hable de comida sin moralizarlo. Que comer bien no sea un castigo ni una obsesión, sino una herramienta.

Si el club o el instituto tiene acceso a un dietista-nutricionista, una sola charla grupal al inicio de la temporada puede cambiar hábitos que de otro modo tardarían años en corregirse. En países como España, algunos centros deportivos municipales ofrecen este tipo de asesoramiento por menos de 30 € por sesión grupal. El retorno en rendimiento y en salud es difícil de igualar con cualquier otra inversión.

La nutrición en el deporte juvenil no es un extra. Es parte del entrenamiento. Y cuanto antes lo entienden quienes rodean a estos atletas, más se les está protegiendo de verdad.