Running

Lo que los runners de trail hacen a los senderos

Un estudio de campo en la Sierra de Guadarrama midió el impacto real de trail runners y ciclistas: los datos cambian cómo planificamos carreras y entrenamos en montaña.

Close-up of a trail runner's legs mid-stride, kicking up dust on a steep mountain dirt path in golden light.

El experimento que cambió la conversación sobre el trail y los senderos

Durante doce meses, un equipo de investigadores monitorizó de forma sistemática varios tramos de sendero dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo era simple pero ambicioso: medir con datos reales el impacto físico que distintos usuarios generan sobre el terreno. No modelos teóricos, no encuestas. Suelo, agua, pendiente y pisadas.

El estudio comparó tres perfiles de usuario: trail runners, ciclistas de montaña en descenso y senderistas. Se midieron variables como la compactación del suelo, la formación de surcos, la pérdida de cobertura vegetal y la velocidad de escorrentía en episodios de lluvia. Los tramos seleccionados cubrían diferentes gradientes, desde suaves lomas hasta descensos pronunciados por encima del 20% de pendiente.

Lo que hacía especialmente valioso este estudio era su enfoque longitudinal. No bastaba con medir el daño después de un evento masivo. Había que observar la acumulación de impacto a lo largo del tiempo, en todas las estaciones, bajo lluvia y sequía. Y los resultados, publicados posteriormente en revistas de gestión de espacios naturales, sorprendieron incluso a quienes habían diseñado el experimento.

El ciclismo de descenso y el problema de los surcos

El dato más contundente del estudio fue este: el ciclismo de montaña en descenso sobre pendientes superiores al 15% generó entre cuatro y seis veces más erosión que cualquier otro uso registrado. No es una cuestión de mala fe por parte de los ciclistas. Es física pura.

Cuando una rueda de bicicleta frena sobre tierra húmeda en pendiente, concentra una presión enorme en un punto muy reducido. Esa presión, repetida cientos de veces por el mismo tramo, crea surcos longitudinales. Los surcos, a su vez, actúan como canales: el agua de lluvia los sigue, los profundiza y arrastra el suelo mineral hacia zonas más bajas. El resultado es un proceso de erosión hídrica que se autoalimenta y que puede inutilizar un sendero en pocas temporadas.

El estudio documentó surcos de hasta 18 centímetros de profundidad en zonas con alta frecuencia de paso de bicicletas. En esos mismos tramos, los investigadores midieron tasas de pérdida de suelo que triplicaban las observadas en senderos sin uso recreativo. La pendiente, más que el volumen de usuarios, era el factor determinante en la magnitud del daño. Un sendero con pendiente moderada aguantaba mucho mejor la presión del ciclismo que uno empinado con la mitad del tráfico.

Lo que revelaron las huellas de los corredores

Frente a esos datos, el perfil del trail runner resultó notablemente diferente. Esto no significa que correr por montaña sea inocuo, pero el tipo de impacto que genera tiene una naturaleza distinta y, en términos de reversibilidad, bastante más manejable.

El pie humano distribuye la carga de forma mucho más uniforme que una rueda en frenada. Incluso en descensos rápidos, la huella del corredor compacta el suelo superficial pero rara vez lo excava. El estudio midió una compactación media del suelo un 22% mayor en zonas de paso frecuente de corredores respecto a zonas sin uso. Un número que suena preocupante hasta que se compara con el 89% de incremento registrado en los tramos de ciclismo de descenso.

Otro hallazgo relevante fue el comportamiento del suelo tras la lluvia. En los tramos utilizados mayoritariamente por runners, la capacidad de infiltración del agua se recuperaba con más rapidez después de períodos de sequía. El suelo compactado por el pie, al no estar excavado, mantenía cierta estructura que favorecía la recuperación vegetal. Eso tiene implicaciones directas para cualquier plan de gestión de senderos en parques naturales.

Que esto no te lleve a conclusiones equivocadas

Sería un error leer estos datos como una carta blanca para organizar carreras de trail sin criterio. El propio estudio advierte de ello con bastante claridad. El impacto del trail running escala de forma no lineal con el volumen de participantes. Una carrera de 300 corredores en condiciones de lluvia sobre un sendero estrecho puede generar en un solo día el daño equivalente a semanas de uso habitual.

Las variables que más condicionan el impacto de una carrera son estas:

  • El estado del suelo el día del evento. Un suelo saturado de agua es infinitamente más vulnerable que uno seco. Algunos organizadores ya incluyen protocolos de cancelación o modificación de recorrido en función de la pluviometría previa.
  • La anchura del sendero. En senderos estrechos, los corredores tienden a salirse del camino para adelantar o evitar barro, lo que amplía la zona de impacto y destruye la vegetación de los márgenes.
  • La pendiente en los tramos de mayor acumulación de participantes. Los embudos en subidas y bajadas pronunciadas concentran el daño exactamente donde el terreno es más sensible.
  • La frecuencia de paso después del evento. Un sendero que recibe una carrera anual puede recuperarse. Uno que acumula entrenamiento intensivo semanal más competición no tiene margen para ello.

Los organizadores de carreras más responsables en España llevan años aplicando criterios de este tipo. La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada tiene guías de buenas prácticas que recogen muchos de estos factores, aunque su aplicación sigue siendo desigual según la comunidad autónoma y el grado de supervisión del espacio natural.

Lo que este estudio debería cambiar en tu forma de entrenar

Si eres runner y entrenas habitualmente en montaña, estos datos te afectan aunque nunca participes en una carrera. El uso individual acumulado también cuenta, especialmente en parques con alta presión turística como Guadarrama, donde la afluencia de usuarios se ha disparado desde 2020.

Hay decisiones concretas que marcan una diferencia real. Evitar los senderos más sensibles durante o inmediatamente después de lluvias intensas es probablemente lo más efectivo que puedes hacer de forma individual. El suelo mojado se compacta y deforma con mucha más facilidad, y cada pisada en esas condiciones equivale a varias pisadas sobre suelo seco.

Variar los recorridos también ayuda. Muchos runners tienen tres o cuatro rutas favoritas que repiten semana tras semana. Esa concentración de tráfico en los mismos tramos agrava el impacto sobre zonas específicas mientras otras quedan sin uso. Explorar senderos alternativos no solo es mejor para el terreno, también es mejor para tu desarrollo como corredor de montaña en desnivel . Y si tienes acceso a grupos locales de voluntariado de mantenimiento de senderos, la participación directa en jornadas de reparación es la forma más honesta de devolver algo a los espacios que usas.

El estudio de Guadarrama no llegó para culpar a nadie. Llegó para darnos información. Y la información, bien usada, es exactamente lo que necesita el trail running como cultura y deporte para seguir teniendo senderos donde correr dentro de veinte años.