Running

Intensidad vs volumen: que importa mas en la ultra

El volumen de entrenamiento, no la intensidad, es el verdadero diferenciador en el ultrarrunning. Aprende a reequilibrar tu semana.

A lone trail runner captured mid-stride from behind on a dirt path bathed in warm golden late-afternoon light.

Por qué el volumen gana la batalla en el ultrarrunning

Si llevas tiempo siguiendo cuentas de corredores en redes sociales, es probable que hayas visto sesiones de intervalos al límite, series en cuesta a tope o entrenamientos de tempo que parecen diseñados para destrozarte. La lógica parece sólida: más intensidad, más adaptación. Pero cuando hablamos de ultras, esa ecuación falla.

La evidencia científica acumulada en los últimos años apunta en una dirección clara. Estudios sobre atletas de resistencia de élite, incluidos los publicados en el International Journal of Sports Physiology and Performance, muestran que los corredores de fondo exitosos distribuyen entre el 75 % y el 85 % de su entrenamiento en zonas de baja intensidad. No es casualidad: esa base aeróbica es la que te sostiene en el kilómetro 60, no los intervalos del martes.

Entrenadores como Kilian Jornet, Jason Koop o Stephanie Howe llevan años insistiendo en lo mismo desde la práctica. Koop, autor de Training Essentials for Ultrarunning, argumenta que la mayoría de los corredores amateur llegan a sus primeras carreras crónicamente sobreentrenados en intensidad y subentrenados en volumen. El resultado es siempre el mismo: fondo plano, recuperación lenta y un día de carrera que no sale como esperabas.

Cómo construir una semana que priorice el kilometraje real

La buena noticia es que reequilibrar tu entrenamiento no requiere inventar nada nuevo. La estructura que los mejores entrenadores de ultra proponen es sencilla y adaptable a casi cualquier nivel: dos sesiones de calidad a la semana y todo lo demás en zona fácil. El desafío está en respetar esa zona fácil de verdad, sin convertir cada rodaje en un esfuerzo moderado disfrazado de recuperación.

Una semana tipo para alguien que corre entre 60 y 90 km semanales podría verse así:

  • Lunes: descanso o rodaje muy suave de 30-40 minutos
  • Martes: sesión de calidad (intervalos o tempo corto, 45-60 minutos con calentamiento)
  • Miércoles: rodaje fácil de 60-75 minutos, conversacional
  • Jueves: rodaje fácil de 70-90 minutos con algo de desnivel si entrenas trail
  • Viernes: segunda sesión de calidad o rodaje suave según sensaciones
  • Sábado: salida larga de 2,5 a 4 horas en zona 1-2, sin mirar el ritmo
  • Domingo: rodaje de recuperación activa o descanso total

Lo que diferencia este modelo de lo que muchos hacen es la naturaleza de los días fáciles. Un rodaje fácil debe ser incómodo por lo lento que vas, no por lo cansado que estás. Si puedes mantener una conversación completa sin jadear, vas bien. Si no, estás yendo demasiado rápido y acumulando fatiga que pagarás en la salida larga del fin de semana.

Las sesiones de calidad no tienen que ser épicas. Dos series de 4 x 1000 m o un tempo de 20 minutos al umbral son suficientes para mantener la velocidad y la economía de carrera. El objetivo no es destruirte dos veces por semana. El objetivo es llegar a la salida larga con el depósito suficientemente lleno para absorber ese estímulo de resistencia que no tiene sustituto.

Las señales de que tu entrenamiento está demasiado orientado a la intensidad

Reconocer el problema es el primer paso. Hay señales claras que indican que estás entrenando con demasiada intensidad y poco volumen real, y muchas de ellas se normalizan tanto dentro de la cultura del running que dejan de verse como un problema.

Estas son las más comunes:

  • Recuperación lenta entre sesiones: si al día siguiente de un rodaje "fácil" todavía tienes las piernas pesadas, algo falla. Los rodajes suaves no deben generar fatiga significativa.
  • Salidas largas planas o sufridas desde el principio: si tus salidas de 3 horas se sienten bien durante la primera hora y se desmoronan después, es una señal de que tu base aeróbica no está donde debería estar.
  • Fade en carrera en la segunda mitad: el hundimiento clásico en el kilómetro 50 o 60 de un ultra rara vez es un problema de nutrición. Casi siempre es un problema de base.
  • Frecuencia cardiaca elevada en ritmos que antes te resultaban cómodos: cuando el corazón trabaja más de lo esperado para mantener un ritmo dado, el cuerpo está enviando una señal de fatiga acumulada.
  • Motivación baja o sensación de estancamiento: el sobreentrenamiento en intensidad tiene un coste mental considerable que a menudo se infravalora.

Si te identificas con dos o más de estas señales, la solución no es hacer más ni descansar durante semanas. La solución es bajar la intensidad media de tu semana durante cuatro a seis semanas y aumentar gradualmente el volumen de rodaje suave. No es glamuroso, pero funciona.

Un truco práctico: durante ese período de reequilibrio, deja el pulsómetro en casa en los días fáciles si la tentación de ir más rápido es muy grande. Corre por tiempo, no por kilómetros, y elige rutas que no te inviten a competir con tus propios registros anteriores.

El largo plazo es la única métrica que importa en el ultra

El ultrarrunning premia la consistencia de una manera que ninguna otra disciplina deportiva hace tan visible. Un corredor que encadena 18 meses de entrenamiento sólido con alto volumen y baja intensidad llega a la línea de salida en una posición completamente diferente a quien ha pasado ese mismo tiempo acumulando sesiones duras y recuperaciones incompletas.

Los datos lo confirman. Un análisis de 2022 publicado en Frontiers in Physiology sobre corredores de ultra amateur mostró que el predictor más fuerte del rendimiento en carrera no era el número de sesiones de alta intensidad completadas, sino el volumen semanal promedio mantenido durante los seis meses previos. No el pico máximo de kilómetros. El promedio sostenido.

Eso cambia la manera en que deberías pensar en tu entrenamiento. Cada semana que terminas sin lesiones, con energía para la siguiente, es una semana ganada. Cada sesión de calidad que respetas sin pasarte de la raya es una inversión que llega con intereses al día de carrera. Y cada rodaje fácil que realmente corres fácil es el ladrillo silencioso que construye el edificio.

La próxima vez que veas en redes a alguien compartiendo una sesión brutal con pulsos al límite, recuerda que el ultrarrunning se gana en las horas aburridas, en los kilómetros suaves que nadie fotografía, en la disciplina de no pasarte cuando podrías hacerlo. Esa es la ventaja real que pocos corredores tienen el valor de construir. Si buscas referencias concretas de lo que significa rendir al máximo nivel con consistencia, la trayectoria de Pommeret en el Hardrock 100 es uno de los ejemplos más elocuentes del deporte.