Running

Kaylee Frederick abre el trail a una nueva generación

Kaylee Frederick lidera en 2026 una iniciativa para abrir el trail running a jóvenes con menos recursos, rompiendo barreras económicas y de acceso al deporte de montaña.

Young woman trail running through a sunlit pine forest, dust rising from her shoes in warm golden morning light.

La corredora que está cambiando las reglas del trail

En septiembre de 2026, Kaylee Frederick no es solo una atleta de trail running. Es una voz que resuena con fuerza dentro de una disciplina que, durante demasiado tiempo, ha funcionado como un club de acceso restringido. Su historia combina rendimiento deportivo con activismo real, y esa combinación la ha convertido en un referente inesperado para toda una generación de jóvenes corredores.

Frederick empezó a correr por montaña a los dieciséis años en Colorado, sin entrenador, sin patrocinador y con zapatillas compradas en oferta. Aprendió a orientarse en terrenos técnicos a través de vídeos de YouTube y grupos de corredores locales que encontró en redes sociales. Esa trayectoria autodidacta no fue una anécdota curiosa; se convirtió en el motor de todo lo que hace hoy.

Hoy lidera el programa Open Trails Youth Initiative, una iniciativa que conecta a atletas jóvenes de entornos urbanos con programas de trail running en parques naturales cercanos. No se trata de una campaña de imagen. Es trabajo de campo, con sesiones presenciales, materiales compartidos y mentoras que hacen seguimiento individual de cada participante.

Las barreras que frenan a los corredores más jóvenes

El trail running ha vivido un crecimiento espectacular en los últimos años. Las cifras de participantes en carreras de montaña aumentaron más de un 40% entre 2021 y 2025 en mercados como Estados Unidos y España. Pero ese crecimiento no ha llegado a todos por igual. Las estadísticas muestran que la mayoría de los nuevos practicantes son adultos de entre 30 y 45 años con ingresos medios o altos.

Para los atletas más jóvenes, especialmente aquellos que son los primeros en sus familias en hacer deporte de montaña, las barreras son múltiples y muy concretas. Una equipación básica de trail puede superar los $300 fácilmente: zapatillas técnicas, mochila de hidratación, ropa de capas. A eso se suman las inscripciones en carreras, que en algunas pruebas de trail accesibles alcanzan los $150 o más por participante.

El acceso al territorio también juega en contra. Muchos jóvenes que viven en áreas urbanas no tienen cómo llegar a un sendero sin coche propio. Y cuando llegan, se encuentran ante un ambiente que, sin quererlo, puede resultar intimidante: grupos ya consolidados, un lenguaje técnico que nadie explica y la sensación de que ese espacio no fue pensado para ellos. Frederick lo describe sin rodeos: "La montaña es de todos, pero el deporte de montaña no lo era."

Lo que Frederick está construyendo sobre el terreno

El programa que lidera Frederick no se limita a prestar zapatillas y organizar salidas. Tiene una estructura pensada para eliminar cada uno de esos obstáculos uno a uno. Los participantes reciben equipación básica sin coste gracias a alianzas con marcas como Salomon y Brooks, que destinan parte de su stock de muestra a este tipo de iniciativas. También cuentan con transporte coordinado desde puntos de encuentro en zonas urbanas.

Pero lo que diferencia al programa es el componente humano. Cada participante tiene asignada una mentora, una corredora con experiencia que comparte con ella no solo técnica, sino también la historia de cómo llegó al trail. Esas conversaciones normalizan los miedos, rompen el mito del atleta "natural" y hacen que los nuevos corredores se sientan parte de algo desde el primer día.

Los resultados son visibles. En 2026, más de 200 jóvenes participaron en sus primeras carreras de montaña a través del programa. De ellos, el 68% continuó corriendo de forma independiente al menos durante seis meses. No es una estadística menor: retener a los nuevos practicantes es uno de los mayores retos de cualquier deporte de base, y ese porcentaje supera con creces el promedio del sector.

Un movimiento más amplio que una sola atleta

Lo que hace Kaylee Frederick no surge en el vacío. En los últimos años, organizaciones como Trail Sisters, Black Trail Runners y Latino Outdoors han desarrollado sus propios programas para diversificar quién corre en la montaña. La diferencia en 2026 es que estas iniciativas han dejado de ser proyectos marginales para convertirse en parte de la conversación principal del sector.

Grandes eventos como la Ultra-Trail du Mont-Blanc o la Western States han comenzado a reservar plazas específicas para atletas provenientes de programas de inclusión. Las marcas deportivas están ajustando sus estrategias de patrocinio para dar visibilidad a perfiles que antes quedaban fuera del foco. Y las federaciones nacionales de atletismo están empezando a incluir el trail juvenil dentro de sus calendarios oficiales con categorías y normativas propias.

El impacto a largo plazo va más allá del deporte. El trail running desarrolla habilidades como la orientación, la gestión del esfuerzo, la tolerancia a la incomodidad y la toma de decisiones en entornos variables. Para jóvenes que no tienen acceso a otras actividades de aventura, puede ser una puerta de entrada a una relación duradera con el entorno natural. Frederick lo tiene claro: no está formando solo corredores. Está formando personas que saben moverse en el mundo.

  • Equipación gratuita o a precio reducido gracias a alianzas con marcas del sector para eliminar la barrera económica inicial.
  • Transporte coordinado desde zonas urbanas para garantizar que el acceso al territorio no dependa de tener coche.
  • Sistema de mentoras personales que acompañan a cada participante durante sus primeros meses en el deporte.
  • Integración en carreras reales para que los jóvenes corredores vivan la experiencia competitiva desde el principio.
  • Seguimiento post-programa para medir la retención y ajustar la metodología en cada edición.

Si el trail running quiere seguir creciendo de forma sostenida, necesita ampliar su base. Eso significa atraer a corredores más jóvenes, más diversos y con menos recursos que los que han dominado el deporte hasta ahora. Kaylee Frederick no está esperando a que eso ocurra solo. Lo está construyendo, kilómetro a kilómetro, con cada joven que se calza por primera vez unas zapatillas de trail y descubre que la montaña también es su espacio.