Lo que encontró el estudio y por qué está generando debate
Un nuevo estudio publicado en junio de 2026 en BMJ Open Sport and Exercise Medicine confirma algo que la medicina deportiva sospechaba desde hace años: correr un maratón provoca cambios agudos y medibles en la función cardíaca. No se trata de sensaciones subjetivas ni de datos anecdóticos. Los investigadores midieron biomarcadores de daño tisular e inflamación antes y después de la carrera, y los resultados levantaron más preguntas de las que respondieron.
El hallazgo más llamativo es que varios participantes mostraron niveles de troponina y BNP por encima de los umbrales clínicos utilizados habitualmente para diagnosticar lesión miocárdica. Esos mismos valores, vistos en un paciente sentado en urgencias, dispararían una alerta inmediata. Pero en el contexto de un maratón, los investigadores no saben todavía si representan una adaptación transitoria normal o una señal de advertencia temprana que merece seguimiento.
El debate no es menor. La comunidad científica lleva décadas discutiendo el concepto de cardiotoxicidad por ejercicio extremo, y este estudio añade evidencia concreta al debate sin cerrar el caso. Lo que sí queda claro es que el corazón de un maratoniano no sale igual de la línea de meta de como entró.
Tu edad, tu sexo y tu entrenamiento cambian todo
Uno de los aportes más relevantes del estudio es que no trata a todos los corredores como si fueran el mismo cuerpo. Las respuestas cardíacas varían de forma significativa según la edad, el sexo biológico y el nivel de entrenamiento. Eso significa que el perfil de riesgo de una mujer de 55 años que debuta en el maratón es radicalmente distinto al de un hombre de 28 años con cinco años de competición a sus espaldas.
En corredores más mayores, los cambios en la función diastólica del ventrículo izquierdo fueron más pronunciados y tardaron más en normalizarse. En mujeres, algunos biomarcadores de inflamación mostraron patrones diferentes a los de los hombres, lo que sugiere que las guías de referencia actuales, diseñadas mayoritariamente a partir de datos masculinos, podrían no ser las más adecuadas para evaluar el riesgo femenino. De hecho, las mujeres presentan mayor resistencia en carrera según estudios recientes, un matiz que complica aún más la interpretación de estos datos.
Los corredores con mayor volumen de entrenamiento semanal mostraron, en general, respuestas más contenidas y una recuperación más rápida. Esto apunta a que el corazón entrenado gestiona mejor el estrés agudo del maratón. Pero tampoco significa inmunidad total: incluso entre los más preparados se detectaron elevaciones de biomarcadores que superaban los umbrales clínicos estándar.
Qué significan realmente esos biomarcadores elevados
La troponina es la proteína que los médicos miden cuando sospechan un infarto. Ver sus niveles elevados en un corredor sano después de un maratón genera una incomodidad comprensible. Sin embargo, los investigadores del estudio insisten en que el contexto lo cambia todo. El corazón sometido a cuatro o cinco horas de trabajo intenso libera proteínas como respuesta al estrés mecánico, no necesariamente como señal de muerte celular permanente.
El problema real es que la ciencia todavía no tiene una respuesta definitiva. No existe un valor de referencia específico para "troponina post-maratón en corredor sano de 50 años". Los umbrales clínicos actuales fueron desarrollados para detectar patología en reposo, no para interpretar el estado de un corazón que acaba de completar 42 kilómetros. Esa brecha de conocimiento es, precisamente, lo que este estudio pone sobre la mesa.
Lo que sí señala la investigación es que la mayoría de estas alteraciones son transitorias. En los días siguientes al maratón, los valores tienden a normalizarse en la mayor parte de los participantes. Pero "la mayoría" no es "todos", y ahí está la clave del asunto. Identificar quién está dentro de ese grupo minoritario que no se recupera con normalidad es el siguiente desafío clínico.
Lo que deberías hacer antes de tu próximo maratón
La primera reacción al leer este tipo de estudios suele ser el pánico o, en el extremo opuesto, la negación total. Ninguna de las dos sirve. Los propios investigadores subrayan que no hay motivo para abandonar el maratón como disciplina, pero sí para tomarse en serio la preparación médica previa a la carrera.
Si tienes más de 40 años, llevas poco tiempo corriendo o tienes algún factor de riesgo cardiovascular como hipertensión, colesterol elevado o antecedentes familiares, hablar con tu médico antes de inscribirte en un maratón no es paranoia. Es sentido común. Una valoración cardíaca básica, que puede incluir un electrocardiograma en reposo y una prueba de esfuerzo, puede darte información muy valiosa sobre cómo está tu corazón antes de someterlo a ese nivel de exigencia.
Más allá de la consulta médica, estos son los puntos que los expertos destacan como claves para reducir el riesgo:
- Periodización del entrenamiento: aumentar el volumen de forma gradual permite que el corazón se adapte al estrés de forma controlada.
- Descanso post-carrera: el período de recuperación después de un maratón no es opcional. El corazón necesita tiempo para volver a su estado basal.
- Hidratación y nutrición: los desequilibrios electrolíticos durante la carrera pueden agravar el estrés cardíaco. Un plan nutricional bien diseñado marca la diferencia.
- Escuchar las señales: dolor en el pecho, palpitaciones irregulares o mareos durante el esfuerzo son síntomas que nunca deben ignorarse ni atribuirse automáticamente al "sufrimiento normal" del maratón.
El estudio del BMJ no es una sentencia contra el maratón. Es una llamada a tomarse en serio lo que el cuerpo comunica y a dejar de tratar la preparación médica como algo secundario frente a los planes de entrenamiento y prevención de lesiones. Conocer tu corazón antes de pedirle que corra 42 kilómetros no es debilidad. Es la decisión más inteligente que puedes tomar como corredor.