Running

Por qué las mujeres ganan los ultras en absoluto

Las mujeres están ganando posiciones absolutas en ultras de 100 millas. La fisiología, el pacing y un cambio cultural explican por qué esto ya no es una sorpresa.

Female ultramarathon runner in focused stride on rocky mountain trail, male runner blurred in background.

El podio que nadie esperaba... pero que ya nadie puede ignorar

En octubre de 2026, Kristin Johnson cruzó la línea de meta del Bear 100 en tercera posición absoluta. No tercera entre mujeres. Tercera entre todos los participantes, hombres incluidos. El dato circuló rápido en redes, generó titulares y, sobre todo, abrió una conversación que el mundo del ultra lleva años esquivando.

Lo de Johnson no es un caso aislado. A lo largo de 2026, varias mujeres han terminado entre los diez primeros de la clasificación general en carreras de 100 millas en Estados Unidos y Europa. En el Tor des Géants, en el UTMB y en múltiples cien millas del circuito WSER se han repetido escenas similares. Una mujer adelantando a hombres en el kilómetro 130. Una mujer entrando en meta mientras la mitad del campo masculino aún lucha contra el corte horario.

El patrón es tan consistente que ya no se puede atribuir a la suerte, a un día malo de los rivales masculinos ni a un recorrido concreto. Algo estructural está cambiando. Y la ciencia lleva tiempo diciéndolo.

Fisiología sin filtros: por que las mujeres rinden mejor a medida que sube el kilometraje

Durante décadas, la brecha de rendimiento entre hombres y mujeres en atletismo se ha estimado en torno al 10-12%. Esa cifra es real en distancias cortas y medias. Pero a medida que el kilometraje se dispara por encima de los 80 kilómetros, esa brecha se estrecha. Y en los 100 millas, para muchas corredoras de élite, prácticamente desaparece.

Una de las razones más documentadas es la oxidación de grasas. Las mujeres presentan, de media, una mayor capacidad para utilizar las grasas como combustible durante el ejercicio prolongado. En distancias cortas, esto importa poco: el glucógeno muscular es el rey. Pero en un ultra de 24, 30 o 40 horas, quien gestiona mejor sus reservas de grasa tiene una ventaja metabólica enorme. El cuerpo femenino, en términos generales, está mejor adaptado para ese tipo de esfuerzo sostenido.

A esto se suman otros factores fisiológicos que los investigadores han comenzado a sistematizar:

  • Mayor resistencia a la fatiga muscular en fibras de contracción lenta, especialmente relevantes en esfuerzos de ultrafondo.
  • Menor daño muscular acumulado en las bajadas largas, lo que permite mantener el ritmo en los tramos finales.
  • Mejor termorregulación relativa a intensidades bajas, lo que reduce el gasto energético en condiciones de calor moderado.
  • Niveles hormonales que, en ciertos momentos del ciclo, favorecen la recuperación entre esfuerzos.

Ninguno de estos factores actúa solo. Pero combinados a lo largo de 160 kilómetros de montaña, su efecto acumulado puede representar la diferencia entre terminar en el podio general o quedarse a las puertas.

El ritmo lo es todo: la estrategia que convierte la paciencia en ventaja competitiva

Más allá de la biología, hay un factor conductual que los técnicos de running llevan meses señalando. Las mujeres, en promedio, salen más conservadoras en los primeros 40 kilómetros de un ultra. No porque sean menos competitivas. Sino porque han aprendido, o intuido, que los ultras se corren hacia atrás.

En el Bear 100 de 2026, el análisis de los splits publicados por los cronometradores mostró un dato revelador. Los corredores masculinos que salieron entre los diez primeros en el kilómetro 30 fueron adelantados, en su mayoría, en la segunda mitad de la carrera. Kristin Johnson, en cambio, fue construyendo su posición de forma constante. Entró al primer control en puesto 18. Salió del último en puesto 3.

Este patrón de negative split sostenido no es exclusivo de Johnson. Es reproducible. Investigadores de la Universidad de Ginebra publicaron en 2025 un estudio sobre pacing en ultras de montaña que concluía que las mujeres presentan una distribución del esfuerzo más homogénea a lo largo de la carrera. La hipótesis es doble: por un lado, una mayor conciencia del estado interno gracias a señales interoceptivas más precisas. Por otro, menos presión social para demostrar dominancia desde el inicio.

En un deporte donde el ego puede costarte 10 posiciones en los últimos 30 kilómetros, correr con la cabeza fría desde el principio no es una virtud menor. Es la clave del resultado. Este mismo patrón de gestión del esfuerzo fue determinante en el Hardrock 100 2026, con dos récords históricos del recorrido logrados precisamente gracias a una distribución del ritmo impecable.

La conversacion que el mundo del ultra necesita tener

Cuando Kristin Johnson terminó el Bear 100 en tercera posición, la cobertura mediática fue entusiasta pero, en muchos casos, equivocada en el tono. Titulares como "increíble hazaña" o "logro histórico" son comprensibles. Pero también implican que se trata de algo extraordinario, de una excepción que confirma la regla. Y esa framing ya no se sostiene.

Varios directores de carrera del circuito norteamericano han empezado a debatir cómo ajustar sus comunicaciones oficiales. La pregunta concreta es si la clasificación general debe presentarse de forma unificada desde el principio, sin categorías, o si mantener las categorías por sexo pero haciendo visible la posición absoluta de cada atleta. No hay consenso todavía, pero el debate en sí mismo ya es significativo.

En Europa, la conversación tiene matices distintos. En Francia e Italia, donde los ultras de montaña tienen una tradición más arraigada, la presencia femenina en los primeros puestos absolutos genera menos asombro mediático, quizás porque el público lleva más años siguiendo el deporte con atención. Aun así, las marcas y los patrocinadores siguen invirtiendo de forma desproporcionada en atletas masculinos, incluso cuando los datos de audiencia y participación femenina en carreras de más de 80 kilómetros crecen temporada tras temporada.

El cambio cultural más profundo, sin embargo, llega desde abajo. En grupos de entrenamiento, en foros de running y en los propios vestuarios de las carreras, la actitud hacia las mujeres que compiten en el podio general ha cambiado. Hace cinco años, un hombre siendo adelantado por una mujer en el kilómetro 120 de un ultra podía vivir ese momento con incomodidad. Hoy, cada vez más corredores lo describen como un incentivo, incluso como una fuente de admiración genuina. El caso de Pommeret ganando ultras a los 50 años ha generado una conversación paralela igualmente reveladora sobre los límites del rendimiento humano y los prejuicios que rodean quién puede competir al más alto nivel.

Lo que está pasando en los ultras de 2026 no es una tendencia pasajera ni un efecto estadístico. Es el resultado de décadas de investigación ignorada, de entrenamiento riguroso y de una generación de atletas femeninas que decidieron competir sin disculparse. El Bear 100 fue un titular. Lo que viene después será la norma.