El ultramaratonista que reescribió las reglas del Everest
Tyler Andrews no llegó al Everest como alpinista tradicional. Llegó como corredor. Con años de competencia en ultramaratones de montaña a sus espaldas, Andrews aplicó en la cima más alta del mundo los mismos principios que lo han llevado a rendir al máximo en carreras como la UTMB o las competencias de skyrunning de élite.
El estadounidense completó el ascenso al Everest en un tiempo récord dentro de su categoría, utilizando oxígeno suplementario. Su estrategia no fue escalar. Fue correr. Mantuvo un ritmo cardíaco controlado, gestionó sus reservas de energía con precisión y aplicó la economía de movimiento que distingue a los mejores fondistas del mundo en terrenos verticales.
La hazaña generó admiración inmediata en la comunidad del running de montaña, pero también abrió un debate que no va a cerrarse pronto. ¿Qué significa exactamente batir un récord en el Everest cuando se lleva oxígeno extra? ¿Es atletismo puro, alpinismo técnico, o algo completamente nuevo que todavía no tiene nombre?
Oxígeno suplementario: ventaja legítima o frontera difusa
En el mundo del alpinismo, usar oxígeno en el Everest es completamente normal. La gran mayoría de los expedicionarios que llegan a la cima lo hacen con botellas. Solo una minoría de alpinistas de élite, como Reinhold Messner en 1980, han optado por el ascenso sin oxígeno como declaración filosófica y deportiva.
Pero en el universo del speed climbing y del trail running de alta montaña, la distinción importa mucho más. Los registros de velocidad más celebrados en el Everest, los que se mencionan en la misma frase que nombres como Kilian Jornet, se han conseguido sin oxígeno suplementario. Jornet estableció sus marcas en 2017 subiendo en estilo alpino puro, sin botellas, lo que sitúa esas actuaciones en una categoría aparte.
Andrews compite en una categoría diferente pero igualmente válida. Su récord no pretende compararse con esas proezas. Lo que hace es demostrar hasta qué punto la preparación aeróbica de un ultrarunner puede trasladarse a entornos de altitud extrema, incluso con el apoyo logístico estándar que cualquier expedición comercial utiliza. Eso, en sí mismo, ya es una afirmación deportiva poderosa.
El cuerpo de un ultrarunner en altitud extrema
Entrenar para un ultramaratón de montaña de alto nivel implica acumular miles de metros de desnivel positivo cada semana, sostener ritmos de carrera durante horas y horas, y desarrollar una eficiencia muscular y cardiovascular que pocos deportistas alcanzan. Andrews lleva años construyendo ese motor.
Ese tipo de adaptación fisiológica resulta especialmente útil por encima de los 7.000 metros. El umbral ventilatorio, la capacidad de gestionar la deuda de oxígeno y la fuerza mental para mantener la zancada cuando el cuerpo pide detenerse son cualidades que los corredores de fondo desarrollan de forma específica. No es casualidad que cada vez más ultrarunners de élite estén explorando objetivos en altitud extrema.
Hay datos que respaldan esta transferencia de rendimiento. Los estudios sobre economía de carrera en altitud muestran que los corredores con mayor eficiencia mecánica gastan menos oxígeno por kilómetro recorrido, lo que en un entorno donde el aire ya escasea supone una ventaja concreta. Andrews no solo corrió rápido. Corrió de forma inteligente, aprovechando años de entrenamiento que ningún alpinista tradicional tiene por defecto.
Una nueva generación de atletas sin fronteras verticales
Lo que Andrews representa no es un caso aislado. Es una tendencia. Atletas como Kilian Jornet, Stian Angermund o Maude Mathys llevan años demostrando que las fronteras entre el trail running, el skyrunning y el alpinismo son cada vez más porosas. La pregunta ya no es si un corredor puede llegar a la cima del Everest, sino con qué herramientas y en qué tiempo lo hace.
Esta evolución plantea retos interesantes para las federaciones y para las plataformas que registran récords. ¿Se deben separar los tiempos con y sin oxígeno de manera sistemática, como el atletismo separa las marcas en pista cubierta y al aire libre? ¿Debería existir una categoría específica para atletas de endurance en montaña que ascienden el Everest con apoyo estándar de expedición? Son preguntas que la comunidad tendrá que responder en los próximos años.
Para los corredores que siguen a Andrews y que sueñan con llevar su fitness de montaña a otro nivel, su hazaña envía un mensaje claro:
- El volumen de entrenamiento en desnivel es transferible a objetivos en altitud extrema con una preparación específica adicional.
- La estrategia de ritmo que usas en una carrera de 100 kilómetros puede ser tu mayor ventaja en una cumbre de 8.000 metros.
- El oxígeno suplementario no elimina el mérito atlético. Gestionar ese recurso de forma óptima también es una habilidad.
- La frontera mental que separa a los corredores de élite del resto no desaparece en altitud. Se hace más visible.
Andrews ha cruzado una línea que muchos ni sabían que existía. Su récord no responde todas las preguntas sobre dónde termina el running y dónde empieza el alpinismo. Pero las formula con una claridad que el deporte de montaña necesitaba. Y eso, en un mundo donde los límites del rendimiento se mueven cada temporada, ya vale mucho.