El umbral de 195 millas: cuando la fisiología femenina cambia las reglas del juego
Durante décadas, el debate sobre las diferencias de rendimiento entre hombres y mujeres en el deporte de resistencia se ha apoyado en intuiciones, anécdotas y datos parciales. Ahora, una nueva investigación pone números concretos sobre la mesa: a partir de las 195 millas (aproximadamente 314 kilómetros), la fisiología femenina comienza a mostrar ventajas medibles y sostenidas sobre la masculina.
El estudio analizó corredores de ultra distancia durante esfuerzos prolongados de varios días y encontró patrones consistentes que van más allá del caso puntual. No se trata de una excepción ni de un efecto estadístico menor. Los datos apuntan a mecanismos biológicos concretos que explican por qué las mujeres no solo compiten, sino que superan a los hombres cuando el cronómetro sigue corriendo durante días.
Este hallazgo redefine cómo entendemos el rendimiento en eventos como los backyard ultras, las carreras de varios días o los desafíos de millas acumuladas. Y tiene implicaciones directas tanto para atletas como para entrenadores que diseñan bloques de preparación para estas distancias extremas.
Tres ventajas fisiológicas que marcan la diferencia pasadas las 195 millas
El estudio identificó tres factores clave que explican la ventaja femenina en ultradistancia. El primero y quizás más determinante es la oxidación de carbohidratos. Las mujeres del estudio mantuvieron una capacidad significativamente mejor para metabolizar carbohidratos durante el esfuerzo prolongado, lo que se traduce directamente en menos riesgo de sufrir el temido "muro" o bonk en los últimos tramos de una carrera de varios días.
Cuando el cuerpo pierde la capacidad de quemar glucosa de manera eficiente, el rendimiento cae de forma brusca y, en distancias extremas, esa caída puede significar horas de diferencia. Las mujeres parecen resistir mejor ese deterioro metabólico, posiblemente por una mayor sensibilidad a la insulina y una composición muscular que favorece el uso sostenido de sustratos mixtos a intensidades moderadas. Curiosamente, los hombres chocan contra el muro casi el doble que las mujeres, un patrón que los datos de maratón ya anticipaban.
El segundo factor es la preservación de la fuerza en piernas. Los hombres del estudio mostraron una degradación más pronunciada de la fuerza muscular a medida que acumulaban millas. Las mujeres, en cambio, conservaron mejor la capacidad de generar fuerza, lo que se refleja en una zancada más estable y en una menor tendencia a compensar con patrones de movimiento que aumentan el riesgo de lesión. En una carrera de 200 o 300 millas, mantener la mecánica de carrera no es un lujo: es lo que separa terminar de abandonar.
El tercer elemento es el esfuerzo percibido. Las atletas femeninas reportaron niveles de percepción del esfuerzo más estables a lo largo del tiempo, mientras que los hombres experimentaron fluctuaciones más marcadas. Una percepción del esfuerzo más uniforme permite tomar mejores decisiones de ritmo, descanso y nutrición. En eventos de varios días, donde la fatiga cognitiva es tan limitante como la física, esta estabilidad es una ventaja enorme.
El récord de Megan Eckert y lo que la ciencia ahora puede explicar
En 2024, Megan Eckert estableció un récord mundial al completar 636 millas en seis días en un evento de backyard ultra, superando a todos los competidores masculinos presentes. Para muchos fue una sorpresa. Para quienes llevan años siguiendo la ultradistancia, fue la confirmación de algo que los datos empezaban a sugerir desde hacía tiempo.
Ahora, con esta investigación, la actuación de Eckert deja de ser una anomalía y se convierte en una demostración empírica de mecanismos fisiológicos reales. Su capacidad para mantener el ritmo durante días, gestionar la alimentación y sostener el esfuerzo mientras los competidores masculinos se retiraban uno a uno encaja perfectamente con lo que el estudio describe: mejor oxidación de carbohidratos, menor pérdida de fuerza y esfuerzo percibido más estable.
Eckert no es un caso aislado. Courtney Dauwalter, Jasmin Paris o Camille Herron han protagonizado actuaciones similares en eventos de altísima duración. La ciencia empieza a ponerse al día con lo que estas atletas llevan años demostrando sobre el terreno. Y lo más relevante es que estos mecanismos no son exclusivos de las élites: operan en cualquier mujer que corra distancias suficientemente largas.
Lo que esto significa para tu entrenamiento y estrategia de carrera
Si entrenas o compites en 100 millas o eventos de varios días, estos hallazgos deberían cambiar cómo piensas en tu preparación. Para las atletas femeninas, el mensaje central es que el tiempo juega a tu favor. Eso no significa salir demasiado rápido, sino entender que tu capacidad de mantener el rendimiento relativo aumenta a medida que la carrera se alarga.
Algunos cambios prácticos que vale la pena considerar:
- Estrategia de ritmo más conservadora en las primeras 100 millas. Si tu ventaja fisiológica crece con la distancia, tiene sentido proteger recursos en los tramos iniciales para capitalizarlos después.
- Protocolo nutricional orientado a sostener la oxidación de carbohidratos. Entrenar el sistema digestivo para procesar carbohidratos durante el ejercicio prolongado potencia precisamente la ventaja que el estudio identifica.
- Trabajo de fuerza específico para la resistencia muscular de piernas. Aunque las mujeres preservan mejor la fuerza, entrenar este aspecto reduce aún más la degradación y mejora la economía de carrera en los tramos finales.
- Monitoreo del esfuerzo percibido como métrica principal. En lugar de obsesionarte con el ritmo por kilómetro, aprender a calibrar y confiar en tu percepción del esfuerzo puede ser más valioso en distancias extremas.
Para los entrenadores, la investigación plantea una pregunta directa: ¿estás diseñando los bloques de preparación de tus atletas femeninas pensando en sus ventajas reales, o sigues aplicando protocolos pensados para hombres y adaptados a medias? La diferencia entre ambos enfoques puede ser determinante en una carrera de 200 millas.
El entrenamiento en bloques largos de baja intensidad, la exposición a esfuerzos de varios días en la fase de preparación específica y el desarrollo de estrategias de nutrición nocturna son áreas donde las atletas femeninas pueden sacar partido de sus características fisiológicas particulares. No se trata de entrenar más, sino de entrenar de forma más alineada con lo que el cuerpo ya hace bien.
La ultradistancia está reescribiendo las reglas del rendimiento. Y la ciencia, por fin, empieza a explicar por qué algunas de las mejores corredoras del planeta no solo aguantan más que los hombres: los superan.